Voluntariado Internacional India 2019

Mi nombre es Javier, soy de San Fernando, Cádiz, y este verano he ido un mes a la India con un grupo de 10 personas al voluntariado internacional de la congregación. Todos sabíamos qué realidad nos esperaba en la India, eso nos daba un cierto miedo y respeto, pero desde el momento en que llegamos al DSDI, “Damian Social Development Institute, fuimos acogidos como si fuésemos de su familia, haciéndonos sentir en casa.

En la primera parte del viaje hemos visitado algunos de los proyectos que se llevan a cabo en Bhubaneswar, capital del estado de Odisha. Sobre todo hemos estado en los centros de tutorización que intentan ayudar a los más pequeños en las tareas del colegio y en varias colonias de leprosos que ha construido la congregación, dándoles un hogar. En mi vida he visto nada parecido, esas personas vivían en unas condiciones que despertaba un sentimiento de tristeza en nosotros. Sin embargo, siempre tenían esa gran sonrisa y esas ganas de agradecernos que hubiésemos ido a verlos, llegando a ofrecernos lo poco de lo que disponían para poder comer ese día.

No hay muchas personas que se preocupen por esos niños y jóvenes que tienen la ilusión de estudiar o buscar un trabajo digno, ni de los enfermos de lepra que tienen que marcharse de su ciudad con sus familias. Por suerte, gracias a la labor de los Sagrados Corazones en estos sitios, hemos visto una mejora social  en los lugares que hemos visitado, un foco de esperanza para muchos. Esa sensación de mejora también la hemos vivido durante el tiempo que hemos estado en Calcuta, dónde las hermanas de Madre Teresa, le dan a un número incontable de personas la dignidad que se merecen.

Sin duda en esta experiencia hemos podido ver a Dios en el rostro de todas las personas que, a pesar de la vida que les espera, siempre son agradecidos y son capaces de tener una sonrisa imborrable. Nos volvemos agotados después de la experiencia, pero contentos de ver a nuestros hermanos y hermanas SSCC dedicando su vida para darles a esas personas un poco de esperanza.

Aún estoy en proceso de asimilar todo lo que hemos vivido, aunque me quedo con una frase escrita en una de las casas de Madre Teresa: “Jesús decía: Si haces reír a uno de mis hermanos, me haces reír a mí. Estoy seguro de que ellos lo hacen reír todos los días, al igual que hacían con nosotros. Lo único que podíamos hacer allí era compartir nuestro tiempo con ellos y contagiarnos de su alegría, un regalo del que nunca voy a dejar de estar agradecido.

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