Testimonio de un catequista de Postcomunión

 

 

Hace un par de semanas dieron comienzo las conviencias de postcomunión de la zona sur. Estas actividades marcan el punto y final del curso de catequesis en una de las etapas más importantes y difíciles de itinerario. Nacho Mateos lleva dos años como catequista y comparte con nosotros lo que ha supuesto hasta el momento esta experiencia.

Siempre he tenido (y sigo teniendo) un gran recuerdo de todos los catequistas que he tenido en mi recorrido en la parroquia. Por eso, cuando me ofrecieron ser catequista, dije que sí. Un par de meses después me encontraba en la casa de Jerez, en el encuentro de formación de catequistas, con muchas ganas de desempeñar esta tarea dentro de la parroquia. Y justo antes de reunirme con los niños por primera vez, me entró el pánico: me paré a pensar que tenía una responsabilidad muy grande, era el instrumento del que se vale Dios para guiar a unos niños en el camino de su fe. Recé. Por ellos, y por mí, para ser capaz de enseñarles que Dios tiene un plan para ellos.

Los Remedios. Nacho Mateo 1

Entonces, me fue asignado un grupo de niños, y tengo que reconocer que al principio no fue fácil. Ellos eran auténticos terremotos, les costaba estar sentados, y sobretodo estar callados en momentos importantes como la oración. Durante las primeras semanas se me hacía duro el tener que ir todos los miércoles a tratar con ellos, puesto que notaba que todo el empeño y el cariño que yo les daba no daba sus frutos. Poco a poco, esto va cambiando: los niños aprenden que pueden confiar en ti, te respetan y aprenden la importancia de la oración. A eso, hay que sumarle que se lo pasan bien gracias a los juegos y dinámicas para reflexionar. Para mi sorpresa, a final de curso estaba deseando que llegase el miércoles para poder ver a los chicos y seguir enseñándoles. Ver su evolución día a día es impresionante: a día de hoy se muestran generosos, respetuosos con los compañeros y tienen ganas de aprender.

Los Remedios. Nacho Mateo 2Cuando me ofrecieron ser catequista, pensaba que yo era el encargado de enseñarles mediante un proceso unilateral en el que yo hablaba y ellos escuchaban. Me doy cuenta de que estaba muy equivocado. Yo también he aprendido tanto como ellos. El niño más travieso resulta tener un corazón de oro, el más egoísta se vuelve generoso cuando sus compañeros le piden un rotulador y el más charlatán aprende a mantenerse en silencio durante la oración. A fin de cuentas, todo se resume en una palabra: Amor. Un amor que limpia, que transforma y que nos va cambiando para parecernos más a Jesús. Lo único que puedo decir es gracias.

 

Ignacio Mateos-Aparicio, Parroquia Sagrados Corazones de Sevilla

Dos años como catequista (Postco 1 y Postco 2)

 

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Espera…Ten Esperanza

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