SSCCience: Los saberes enfurecidos (y II)

Con este artículo concluye nuestra reflexión sobre la verdad (SSCCience: La Verdad en tiempos revueltos) y sus falsificaciones. Tras haber reflexionado sobre las formas fanáticas de la verdad científica (SSCCience: Los saberes enfurecidos – 1ª parte), toca ahora prestar atención a las ocasiones en que la Verdad existencial se fanatiza, haciendo que los saberes que se ocupan de ella –Filosofías, Religiones y Artes– se conviertan en saberes enfurecidos.

En el primer artículo de la tríada decíamos que la forma fanática de la Verdad existencial es el “fundamentalismo”. Al igual que pasaba con el cientificismo, el fundamentalismo es una forma reduccionista y manipuladora de relacionarse con la Verdad. Consiste en una absolutización de un aspecto particular de dicha Verdad, lo cual, llevado al extremo, puede llegar a tener trágicas consecuencias.

Todos tenemos, por desgracia, una idea de las ocasiones en que la Religión se convierte en fundamentalismo. Pero nos vendrá bien comenzar haciendo un breve repaso por las facetas que adopta el fundamentalismo religioso, para reconocerlo, y no confundirlo con la verdadera Religión.

  • Literalismo: es lo que ocurre cuando se pretende que la Verdad existencial ocupe todos los otros niveles de verdad. Tomemos por ejemplo los relatos de Creación de una Religión: se trata de narraciones que, comprendidas simbólicamente, dan acceso a un mensaje existencial, por ejemplo, la confianza en un Dios Creador. El literalista, en cambio, se niega a aceptar el carácter simbólico de dichas narraciones, y las toma en su sentido literal, como si fueran verdades factuales y científicas. Así, esta persona no sólo se opone absurdamente a lo que la Ciencia y la Historia afirman, sino que también queda incapacitado para experimentar la Verdad existencial que encerraban dichos relatos.
  • Como decía un profesor mío contra el racionalismo deísta: “No es que la existencia de Dios no se demuestre… es que una demostración es sólo una demostración”. (c) Imagen: Montt.

    Al deísmo podríamos contestarle con algo que decía un profesor mío: “No es que la existencia de Dios no se demuestre… es que una demostración es sólo una demostración”. (c) Imagen: Montt.

    Deísmo: se trata de la trampa más sutil en que puede caer el pensamiento religioso. Consiste en la pretensión racionalista de demostrar a dios. Sí, así, “dios” con minúsculas: porque a lo más que el deísmo puede llegar es a establecer la existencia de una fuerza “divina”, impersonal y difusa, que hace funcionar el mundo (Deus ex machina), pero que no es –¡ni mucho menos!–, un Dios personal, con Nombre propio a quien puedo tratar como un “Tú”. El deísmo es muchas veces ateísmo camuflado en gente aparentemente religiosa.

  • Dogmatismo: es la postura opuesta, la que ocurre cuando la Verdad en la que se cree se afirma “porque sí”, “porque es así”, “como caída del cielo”, sin ser capaz de dar razón de la veracidad de lo que se afirma. ¡Atención!, no digo “demostrar”, sino mostrar que dicha Verdad es razonable, digna del ser humano. El dogmático cree ciertas cosas acríticamente, sin preguntarse si es razonable creerlas o no. Y, en consecuencia, se convierte en una persona intransigente con los demás, incapaz de dialogar, capaz solo de atacar o de tratar de imponer sus ideas al que disiente con él. El extremo más terrible se da cuando se llega a ejercer la violencia contra otras personas en nombre de lo que se cree: en dichos casos la Verdad ha sido anulada por completo y solo queda fanatismo.

Aunque en este artículo nos interesen sobre todo las trampas en que cae la Religión, ésta no es el único saber existencial que “se enfurece”. También existe un fundamentalismo filosófico, que presenta diversas caras, por ejemplo:

  • Ideologización: que no es otra cosa que el dogmatismo filosófico. Acontece cuando una postura filosófica se constituye en absoluta, y se blinda, incapaz de dialogar con posturas distintas. Entonces se es fiel a la escuela filosófica, a la corriente de pensamiento… pero ya no se está en busca de la Verdad. Es más, lamentablemente, el ser humano también ha demostrado ser capaz de matar a causa de sus posturas ideológicas (pensemos, por ejemplo, en política) que fueron llevadas al extremo.
  • Logomaquia: actitud que consiste en la discusión, enseñanza y aprendizaje de términos y conceptos, sin llegar a tocar el fondo del asunto. Sería el aprender de memoria lo que dicen un puñado de filósofos (y hasta sacar buena nota en el examen de turno), pero sin que uno haya llegado a comprender lo que esas ideas tienen que decirme para mi vida, sin haberme dejado cuestionar por ellas… Ciertamente resulta una forma menos dañina de inautenticidad filosófica, pero si lo pensamos bien, resulta muy triste cada vez que alguien pierde una oportunidad para relacionarse con la Verdad con mayúsculas.
2017-6 Idea, pregunta

La ideologización mata la filosofía al inhibir la capacidad para preguntarse.

Las Artes, por último, parecen más inofensivas, pero también pueden caer en formas inauténticas:

  • Emotivismo: según el cual, el valor de las manifestaciones artísticas radica en su capacidad de producir emociones en quien las percibe. Sin negar que la capacidad de emocionar puede ser uno de los rasgos de la Verdad con mayúscula, ésta no puede sin más identificarse con la emoción sentida. El emotivismo es, pues, un fundamentalismo, porque ejerce un reduccionismo sobre la Verdad.
  • Esteticismo: es la convicción de que el Arte existe exclusivamente en función de su propia belleza y que, por consiguiente, está por encima de la moral, del sufrimiento de los demás, de las cuestiones sociales… ¿Te parece que la Verdad existencial puede desentenderse de estos aspectos tan nucleares del ser humano?

La lista de posiciones fundamentalistas podría continuar, pero con este abanico de facetas es suficiente para que cada uno revisemos los prejuicios que podemos tener sobre los saberes existenciales… y despejar nuestra concepción de la Verdad de aquellas cosas que no le pertenecen.

Y para no alargar más esta ya larga reflexión, concluyo, como en el artículo anterior, con una invitación para quienes os mováis en el ámbito de la Religión, la Filosofía o el Arte: ¡no creáis que, por saber sobre las cosas últimas, lo sabéis todo sobre todo! Sed humildes, tomad contacto con las “preocupaciones penúltimas”, apreciad la Historia, preguntad a los científicos, estudiad Matemáticas, preocupaos por el sufrimiento ajeno. Y aún más: sed humildes para recordar siempre que vuestro ámbito de conocimiento no se identifica, sin más, con la Verdad con mayúsculas. Ésta se nos da en la relación, siempre un paso más allá, siempre sin dejarse atrapar.

Ser creyentes, pensadores y artistas humildes es la mejor forma para prevenir el riesgo de caer en las garras de los saberes enfurecidos.

Pablo Bernal Rubio, ss.cc.

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