SSCCience: Los saberes enfurecidos (I)

Este artículo es la continuación del que publicamos en esta sección el mes pasado, así que si no lo has leído, quizás te interese empezar por aquél (SSCCience: La Verdad en tiempos revueltos). En él reflexionábamos sobre los distintos significados de la palabra “verdad” y apuntábamos ya que –en cada uno de los ámbitos– la verdad puede ser falsificada, “fanatizada”. En particular, decíamos que la verdad como causalidad era objeto de las diversas Ciencias, y que su falsificación es el cientificismo; y que la Verdad existencial la estudian la Filosofía, las Religiones y las Artes, y que ésta puede correr el riesgo de caer en el fundamentalismo.

¿En qué consisten estos “saberes enfurecidos” y por qué son tan peligrosos? En este artículo vamos a fijarnos en la verdad científica cuando “se sale de sus casillas”: el cientificismo.

Como ya sabemos, “cientificismo” significa asumir que las Ciencias son el único saber capaz de alcanzar la verdad; o lo que es lo mismo, que la verdad causal es el único significado posible de “verdad”. Es muy importante comenzar por darse cuenta de que defender el cientificismo no es científico. Éste es, en el mejor de los casos, un postulado filosófico (si está argumentado) y en el peor, una creencia pseudo-filosófica que, inconscientemente, subyace a todo lo que se dice y se opina.

El cientificismo puede tener varias caras:

  • 2017-4 modelos electronesNadamasqueísmo: es el término acuñado en el ámbito de la neurobiología de habla inglesa (nothing-but-ism) para referirse al reduccionismo en que incurrían algunos científicos que, a la luz de los avances de la neurología, sostenían que el ser humano no era «nada-más-que un conjunto de neuronas». Otro ejemplo de “cientificismo nada-mas-que-ísta” es el tópico de que el amor no es más que una serie de reacciones químicas. Ante este reduccionismo, hay que tener presente que las cosas siempre son más que aquello de qué están hechas.
  • Cienciología: con el nombre de esta corriente denominamos a lo que pasa cuando se pretende que la ciencia ocupe el lugar de la religión. Es algo que puede pasar cuando la persona trata de poner nuestra fe y confianza en afirmaciones científicas. Entonces se da la absurda situación de que dichas afirmaciones dejan de ser Ciencia, convirtiéndose en creencias vacías –porque también carecen de verdad existencial–, y con las que, en muchas ocasiones, se cuelan otras ideas dañinas.
  • Positivismo: es el cientificismo consistente en aceptar como único conocimiento válido aquél que se puede obtener mediante la medición: la longitud, el peso, la energía… Si bien es cierto que todo lo que es medible es objetivo (y por eso un experimento físico se puede repetir aquí y en Pekín), no es cierto que solo lo medible-objetivo sea verdadero… ¿o acaso hay alguien que pueda demostrar objetivamente el amor que siente por otra persona midiéndolo? El positivismo reduce la realidad a materialismo, desechando todas las realidades inmateriales como la justicia, las relaciones interpersonales, la belleza… las cuales tacha de emociones privadas y subjetivas, sin relevancia para la verdad.
  • Realismo ingenuo: este último cientificismo está relacionado con el anterior, y ocurre cuando no se comprende bien cómo funciona la ciencia, asumiendo que ésta describe directamente la realidad. Pero, en realidad –y nunca mejor dicho–, lo que las Ciencias hacen es trabajar con modelos falsables. Entendamos esto con un ejemplo: un átomo no es ni el ‘plumpcake’ de Thomsom, ni el sistema planetario de Rutherford-Bohr, y desde luego no es el conjunto de ecuaciones de Schrödinger-De Broglie. Éstos son en realidad modelos, cada uno de los cuales satisface una serie de observaciones y permite realizar una serie de predicciones, pero no son, sin más, la realidad del átomo. Cada modelo sucesivo es mejor… a la vez que mucho más complejo y abstracto, y, de alguna manera, más alejado de la cosa-en-sí.

Estos cientificisimos están, como podemos ver, relacionados entre sí. Es bien posible que todos tengamos algo de uno o de otro. Darse cuenta de ello nos permite revisar los prejuicios implícitos que se nos habían colado en nuestra concepción de verdad, y avanzar a una imagen más depurada de la Ciencia.

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«Interesaos por todo». El arte nos permite volver a la ciencia con ojos nuevos. (Fotografía: R. Kraft en unsplash.com)

Me gustaría concluir con una invitación a quienes os mováis en el ámbito de la Ciencia y la investigación: ¡no miréis el mundo a través de un microscopio! Escuchad música, visitad museos, orad, preguntaos por el sentido de la vida, leed a Platón, escribid poesía… Contra el cientificismo, que atomiza los saberes y ata a la propia parcela de conocimiento, interesaos por todo. Ser científicas y científicos humanistas es la mejor forma para prevenir el riesgo de caer en las garras de la ciencia enfurecida.

Nos vemos el mes que viene, para cerrar esta reflexión fijándonos en el fundamentalismo y los saberes existenciales… enfurecidos.

Pablo Bernal Rubio ss.cc.

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