Ser sal y luz (15-21 jun)

 

Comienza la oración creando un ambiente de silencio y ponte en presencia del Señor. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Lectura del Evangelio de San Mateo (Mt 5, 13-16):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo”.

 

Reflexión:

Vivimos en un mundo que se encuentra muy alejado de Cristo, un mundo egoísta en el que falta mucho amor. El Señor sueña con un mundo mejor, pero, ¿cómo puede cambiar el mundo? Esta lectura nos da una clave. Cristo nos invita a ser sal de la tierra y luz del mundo. Él se sirve de nosotros, de nuestras manos, de nuestras obras, para poder llegar al mundo y transformarlo a su manera. Por esta razón, los cristianos debemos salir de nosotros mismos para anunciar al mundo la Buena Noticia, llevando el Amor de Dios y viviendo desde la fe en los diferentes ámbitos de nuestra vida: en casa, en los estudios o trabajo, en la parroquia, con nuestros amigos… Muchas veces esta tarea no es fácil y podemos encontrar muchas dificultades, pero debemos recordar que lo que quiere Jesús de nosotros es que compartamos nuestra fe y le anunciemos a un mundo que tanto le necesita. No temas, Él nunca nos abandona.

 

Preguntas:

 

¿Vives para ti o para los demás?

¿Cómo quiere Dios que seas sal y luz?

¿Cuáles son tus dificultades para anunciar la Buena Noticia?

 

Símbolo:

Esta semana te invitamos a hacer presente la luz en tu oración, por ejemplo, encendiendo una vela mientras rezas. Así recordarás que Cristo, que es la luz del mundo, quiere que tú también seas luz para los demás.

 

Para acabar la oración agradece al Señor los minutos que habéis compartido juntos y termina rezando el Padrenuestro.

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