Que Dios sea vuestra alegría

Comienza poniéndote en presencia de Dios. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Realizada la señal de la cruz, ya podemos tener la seguridad de estar ante nuestro Dios.  De haber comenzado un diálogo silencioso con Aquél que nos conoce hasta el fondo del alma… (hagamos ahora un tiempo de silencio; relajémonos y dejemos la preocupaciones externas).

Hecho este primer momento de relajación, adentrémonos en estos minutos de diálogo con Dios. Oremos con la alegría en esta ocasión. La alegría por el esfuerzo realizado después de un largo curso; la alegría por reencontrarnos con viejos amigos; la alegría por los proyectos que se abren en los próximos días o meses… Leamos y escuchemos la palabra de Dios:

“Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros. No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno. Guardaos de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas”. (1 Tes 5, 16-24)

Para reflexionar:

“Buscad a Dios, no la alegría”, es la regla fundamental de la meditación personal. Y su promesa, ésta: es buscando únicamente a Dios como tú encontrarás la alegría” (Bonhoeffer).

Estas pequeñas palabras de un gran testigo de Cristo nos hacen pensar con profundidad sobre la alegría. Para él, la alegría es un don que se nos regala cuando trabajamos y nos desgatamos en la búsqueda de Dios. Quizá con esta pequeña idea podamos pensar: ¿En qué tengo yo colocada mi alegría? ¿Por qué cosas me alegro en el día a día? Y, por tanto, ¿qué cosas me entristecen?…

 

Concluyamos con esta oración:

Señor, renueva mi espíritu y dibuja en mi rostro

sonrisas de gozo por la riqueza de tu Bendición.

Que mis ojos sonrían diariamente

por el cuidado y compañerismo

de mi familia y de mi Comunidad.

Que mi corazón sonría diariamente

por las alegrías y dolores que compartimos.

Que mi boca sonría diariamente

con la alegría y regocijo de tus trabajos.

 Que mi rostro dé testimonio

diariamente de la alegría que Tú me brindas.

Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.

Amén.

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