La duda de santo Tomás

Es uno de los machones del claustro del monasterio benedictino de Santo Domingo de Silos (Burgos), cuyo conjunto escultórico es una de las joyas de la escultura románica medieval de todos los tiempos.(siglos XI-XII).

En él se representa la incredulidad del santo, que no cree en la resurrección de Jesucristo hasta que no vea sus llagas e introduzca su mano en la herida del costado, momento que recoge la imagen, como muy bien se puede ver. La escena se desarrolla bajo un arco de medio punto, donde aparece Cristo a mayor escala y los discípulos distribuidos en filas superpuestas a la misma altura. Sobre el arco vemos a cuatro ángeles que presencian, gozosos, el acontecimiento.

En este relieve —en el que las figuras carecen de volumen, de expresión en los rostros, y no se relacionan entre ellas— el escultor no se preocupa por la belleza exterior de las formas; lo que de verdad le importa es expresar el hecho de la manera más sencilla, del modo más comprensible.

15. La duda de santo TomásEl tema lo podemos entender como un ejemplo de la necesidad de la fe que, en este tiempo del románico, está por encima de la razón. En cambio, en el gótico siguiente, la razón sí nos puede llevar al mismo lugar que la fe. He aquí el eterno y universal dilema:¿fe/razón?, ¿razón/fe?, ¿se oponen totalmente o pueden llegar a entenderse? Son preguntas de muy difícil respuesta. Creo que, de algún modo, no son tan incompatibles. ¿Todo lo que pensamos o sentimos necesitamos razonarlo? O ¿hay cosas válidas por el mero hecho de creer en ellas? Claro que las hay.

Siguiendo la línea de mis anteriores comentarios, podemos observar en nuestro mundo actual cuántas dudas tenemos los humanos, cuántos falsos razonamientos hacemos y estos sí los creemos, ¿por qué?: porque es más fácil, aunque a veces parezca lo contrario, pensar que sentir o creer. ¿Para qué nos sirve tanta lógica?, ¿para destruir nuestro planeta y autodestruirnos nosotros? ¿No es eso lo que estamos haciendo? ¡Basta ya!; quizá tengamos que pensar menos y creer más, sí, creer más en lo que no vemos pero sí sentimos o deberíamos sentir, creer más en lo inmaterial, creer más en lo único auténtico que también nos dicta la razón: en los derechos universales de las personas, que venimos al mundo para gozar y no para sufrir, para respetar y ser respetados y no para ver cómo esos derechos se pisotean tanto que llegamos a sentir vergüenza de nuestra naturaleza humana que tan mal usa esa capacidad de raciocinio.

Félix Marcos. Colegio Sagrados Corazones – Martín de los Heros (Madrid)

Artículo posterior

Fotopalabra: Amor

Related