Cuando fui sacerdote para mi familia, por Fernando Cordero SSCC

Hijo, hermano, tío, nieto, amigo, vecino…

Escribir sobre cómo me ven como sacerdote en mi familia es bonito. Pero creo que esta dimensión no se puede desligar de mi ser hijo, hermano, tío, primo… Mis padres tienen varios hermanos, muchos de los cuales viven en mi pueblo, Algodonales. Así que como me ven en mi familia, lo asocio mucho a cómo me ven y me sienten también mis paisanos, que son como la prolongación de mi núcleo familiar. Es decir, habría que preguntarles a ellos. Ciertamente, mi familia y vecinos se volcaron en mi ordenación sacerdotal, el 7 de febrero de 1998, Año del Espíritu Santo, y en mi primera misa, precisamente allí, a la sombra de una hermosa montaña llamada “El Mogote”, en la iglesia parroquial de Sra. Sta. Ana.

Yo sí quería remarcar la importancia que en el pueblo se le da a la histórica pila bautismal, en la capilla del baptisterio. En plena guerra civil, la iglesia parroquial se salvó de las llamas, porque un grupo se puso delante de la fachada de la misma y alguien dijo, precisamente un no creyente: “Aquí a todos nos han pasado la cabeza por esa pila y la iglesia no la toca nadie”. Años antes fue bautizada también la primera beata de nuestra localidad, Sor Pilar Nalda Franco.

En esa pila se bautizó mi madre, ahí recibí las aguas del bautismo y en ella mis tres sobrinos (Javier, Mario y Sara) fueron bautizados por su tío. Han sido momentos preciosos, imborrables. Al igual que las bodas de mis hermanas. Estaba casi recién ordenado sacerdote y no me podía creer ser testigo de algo tan bonito. Luego he bautizado y casado a otros miembros de la familia, hijos de mis primos y a muchos vecinos del pueblo.

Sí que me gustaría pararme en otro momento en el que he podido acompañar a mi familia y a mis paisanos: en muchas despedidas de seres queridos, he celebrado la eucaristía. En los días que suelo pasar en verano o en Navidad he podido decir adiós y poner en las manos del Padre y bajo el manto de la Virgencita de la Sierra a bastantes algodonaleños. He querido transmitir la esperanza a la que nos abre la fe, que nos une en unos lazos que van más allá de la sangre y que nos emplazan a las puertas del Cielo.

Ejercer los sacramentos en familia y en mi pueblo es para mí especial. Se trata de tierra sagrada, íntimamente ligada a mi historia personal y de fe. Presidir la eucaristía viendo la sierra desde el altar es una visión que me ensancha el espíritu y la capacidad de admiración. En estas celebraciones procuro llevar el hábito de los Sagrados Corazones, expresión de mi consagración y vínculo con mi familia religiosa.

Fernando Cordero ss.cc.

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