Frente a la tumba del Padre Damián

Cada año muchos jóvenes de nuestra PJV viajan por Europa dentro del programa Erasmus. A menudo aterrizan en lugares donde la Congregación está presente. De vez en cuando alguno desembarca en la belga ciudad de Lovaina, donde se encuentra la tumba del Padre Damián. Ana Arenzana, una joven de la sevillana parroquia Sagrados Corazones, comparte con nosotros la experiencia de visitar aquel lugar.

 

Llevo poco menos de un mes en Lovaina, Bélgica. Aquí estoy viviendo la experiencia de ser una estudiante erasmus en la universidad más antigua del país. Es curioso que también en la ciudad se encuentre un lugar, que aun estando tan lejos de donde soy (Sevilla), me resulte muy familiar: la cripta del Padre Damián. De él llevan hablándome desde mi primer año de colegio en los Padres Blancos, en 2009, el año de su canonización. Admiro mucho la historia y la entrega del Padre Damián, y desde que llegué tuve en mente visitar su cripta. Y así, hace unos días, por la mañana, me acerqué.

Su tumba está en la capilla de San Antonio, en una esquina de la plaza que lleva su nombre. El suelo de la plaza está pintado de colores y los árboles están en maceteros hechos de mosaico: en uno de ellos, está el retrato del Padre Damián.

Al entrar y subir las escaleras de la iglesia ya empecé a reconocer imágenes de la congregación y de su vida. Dentro hay una exposición de imágenes y cartas firmadas por él que le escribía a su hermano mientras estaba en Molokai. Decidí refrescar la memoria echándole un vistazo a las fotos, parándome en los paneles para leer las palabras de Damián y ver en las fotografías que se exponían cómo vivió. Sus palabras y las imágenes de la isla de Molokai me siguen impresionando cada vez que las leo y veo.

Tras esto, decidí bajar a la cripta. Es una estancia sencilla, con una fotografía del padre Damián al fondo, justo delante de su tumba. Al lado de ella hay una inscripción en flamenco, que dice algo así como “Mi mayor felicidad es servir al Señor en estos pobres hijos enfermos, rechazados por los demás hombres”.

Se respiraba un ambiente de recogimiento y oración. Mientras pensaba qué rezar me di cuenta de que justo al lado de la inscripción había un libro de título “Damiaan inspireert”, es decir, “Damián inspira”. Esto era justo lo que necesitaba. Me senté en frente de la fotografía del padre Damián y comencé a leer.

En ese libro había oraciones en español, francés, inglés, alemán, flamenco; para todo aquel que necesitara la inspiración de otras personas, que, a su vez, se habían inspirado en la vida de Damián para escribirlas. Esa misma inspiración que yo necesitaba en ese momento para expresar mi respeto y admiración. En concreto, hubo una oración en español que me gustó mucho, que decía así:

 

“La compasión de Damián con los pobres y oprimidos lo llevó a buscar la justicia para aquellos que eran demasiado débiles para hablar por sí mismos y así se transformó en la voz de los sin voz.

Oremos, para que tengamos el valor de buscar la justicia y la paz y seamos constantes en nuestros esfuerzos de realizar los cambios en las estructuras de una sociedad que oprime y degrada a las personas.

Damián abrió su corazón a los necesitados, sin importar su raza ni su religión, poniendo su energía a su servicio y cooperando con todos los que deseaban ayudar a sus marginados. Se adelantó así a su tiempo en el espíritu de ecumenismo.

Oremos, para que también nosotros sepamos seguir su ejemplo de apertura a nuestros hermanos de otros credos, de modo que en nuestra búsqueda y en nuestro trabajo con cada hermano sepamos testimoniar el amor de Dios y construir así el Reino junto”.

 

Ana Arenzana, Comunidad 7 de la Parroquia de los Sagrados Corazones de Sevilla

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