Felices los perseguidos

 

Introducción:

Este domingo la Iglesia celebra la fiesta de san Caprasio. Se cuenta que Caprasio, ya en su juventud, fue el primer obispo de Agen, en Francia, durante el siglo IV. Durante una de las últimas persecuciones del Imperio Romano, Caprasio se vio obligado a huir y esconderse en una colina, desde donde presenció el martirio de una joven llamada Fe. Conmovido, Caprasio descendió a donde yacía el cadáver de la mártir y se enfrentó al prefecto romano. Éste le apresó, y, por fidelidad a su fe, Caprasio acabó muriendo mártir.

¿Qué qué tiene esto que decirnos a nosotros? Resulta que el Buen Padre leyó palabras parecidas a éstas a sus 24 años, tras 150 días escondido en el granero de la Motte. Agotado físicamente por la precariedad de su situación, sin embargo no estaba en absoluto desmoralizado. En ese tiempo, sacó fuerzas de la oración, la Eucaristía y la adoración. El testimonio de san Caprasio es la chispa que le faltaba para pasar a la acción.

Además, el pasado domingo, se celebró la beatificación de cinco hermanos de nuestra Congregación, que también murieron por fidelidad a la fe.

Con todo esto presente, disponte a entrar en esta oración:

Coge tu cruz

(Ixcís – En espíritu y en verdad, 9: escuchar)

Coge tu cruz y sígueme entiendo tu mensaje
coge tu cruz y sígueme a donde muera el yo.

Coge tu cruz y sígueme no lleves equipaje
Coge tu cruz y sígueme, coge tu cruz y sígueme.

 Y mirar a lo que te rodea, esa realidad
con sus cosas buenas, con sus cosas malas
no te pueden ganar, desde ahí caminar
intentando que la felicidad
esté siempre brillando por tu afán
de ser siempre en la debilidad,
un hijo de Dios, un hijo de Dios.

Y aceptar que en este mundo todos tenemos un final,

que vencer la muerte es ganar la vida y así resucitar
desde ahí caminar intentando que la felicidad
esté siempre brillando por tu afán
de ser siempre, en la debilidad,
un hijo de Dios, un hijo de Dios.

Palabras del Buen Padre:

 “Cuando salí me prosterné al pie de una encina que había no lejos de la casa, y entregué mi vida. Porque me había hecho sacerdote con la intención de sufrirlo todo, de sacrificarme por Dios y morir si fuera necesario por su servicio. Sin embargo, tenía un cierto presentimiento de que me salvaría”.

 “Sé valiente” (Jos 1, 5b-7.9-10)

Como estuve con Moisés estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré. ¡Ánimo, sé valiente!, que tú repartirás a este pueblo la tierra que prometí con juramento a vuestros padres. Tú ten mucho ánimo y sé valiente para cumplir todo lo que te mandó mi siervo Moisés; no te desvíes ni a derecha ni a la izquierda, y tendrás éxito en todas tus empresas. ¡Yo te lo mando! ¡Ánimo, sé valiente! No te asustes ni te acobardes, que contigo está el Señor en todas tus empresas.

Reflexión:

En la vocación encontramos la seguridad en que el Señor va a estar con nosotros. Él nos anima y exhorta, nos cuida y alienta. Esto es lo que Dios le recuerda a Josué cuando el pueblo de Israel está a punto de entrar en la Tierra Prometida. Estas palabras se nos dicen también a nosotros, los cristianos, todos los días de nuestra vida.

Ahora bien, no podemos esperar que Dios nos vaya a ahorrar el sufrimiento. Su propio Hijo terminó en la cruz. Pero, como dice el evangelio, con Él a nuestro lado no hay que temer “a los que matan el cuerpo, pero no pueden hacer más”.

Creer esto es difícil pero… ¡qué libertad si lo consiguiéramos! Pídeselo hoy a Jesús…

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