Evangelio joven: «Zaqueo y el Minotauro» (30-oct)

Sab 11,22–12,2
Sal 144
Tes 1,11-2,2
Lc 19,1-10

2016-10-28-ashley-batz-www-unsplash-com

(c) Fotografía: Ashley Batz (www.unsplash.com)

Decimos mucha veces: “¡estás perdido!” o “estoy más perdido que el barco del arroz”… o algo parecido, según la creatividad del lugar. Describimos así a alguien que no se sabe situar, alguien que no tiene claro qué debe hacer.

La mitología nos cuenta del laberinto de Creta, construido para recluir el monstruo devorador de hombres Minotauro. Este exigía sacrificios humanos cada cierto tiempo. Sabemos que una de la jóvenes víctimas, Teseo, ayudado por Ariadna y su hilo, consigue escapar de la muerte y matar al monstruo.

Cuando estamos perdidos nos sentimos como dentro de un laberinto. No sabemos como salir. Emprendemos caminos que nos parecen correctos, pero que luego terminan en la nada. Nos dan esperanza cuando los emprendemos pero luego nos dejan en el desánimo y el cansancio cuando descubrimos que son callejones sin salida. Cuando se repiten las tentativas fracasadas se puede llegar a sentir angustia o, sencillamente, resignación y desaliento.

Pedro y el laberinto. Detalle de la fachada de la Pasión de la Sagrada Familia. (masdearte.com)

Pedro y el laberinto. Detalle de la fachada de la Pasión de la Sagrada Familia. (masdearte.com)

En la fachada de la Pasión de la Sagrada Familia en Barcelona, está representado Pedro después de haber negado a Jesús. A su lado está un laberinto. Pedro entró en él por el miedo. En el culmen de su pasión Jeremías se pregunta amargamente: “Nada hay más falso y enfermo que el corazón. ¿Quién lo conoce?” (Jer 17,9). Podemos ir detrás de cosas, aficiones, ideas, personas, relaciones que sólo poco a poco nos damos cuenta que nos llevan por un camino sin salida, cada vez más oscuro.

El Buen Dios le responde a Jeremías: “Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el corazón de los hombres para pagar a cada cual según el fruto de sus acciones” (Jer 17,10). Jesús vio a Zaqueo en medio de las ramas de un árbol y “vio” su deseo de salir de su personal laberinto de dinero y poder. La palabra y la presencia de Jesús le caldean el corazón y él estalla en un grito de júbilo y en un compromiso de generosidad desmesurada. La salvación ha llegado a su casa.

Baja enseguida del árbol” nos dice hoy a nosotros. Jesús es la salida del laberinto. Descubrimos a Jesús como camino, verdad y vida. Jesús como Salvador y luz del mundo, que ha venido a buscar a los que están perdidos.

 

Damiano Tonegutti ss.cc.

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