Evangelio joven: «Yo soy la puerta de las ovejas» (3-mayo)

En aquel tiempo, dijo Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

(Jn 10,1-10) Domingo IV de Pascua. Fiesta del Buen Pastor.
¿Sabías que el evangelio del Buen Pastor remite a los cultos de los judíos? Así es, y Jesús lo renovó desde dentro. Él fue Pastor, Puerta y Cordero, para darnos una vida abundante… que no es para guardar, sino para entregar a su manera.

En este cuarto domingo de Pascua celebramos la fiesta de Cristo, Buen Pastor. Según el ciclo litúrgico leemos un fragmento del capítulo 10 del Evangelio de Juan, en el que Jesús se designa Buen Pastor y expone en un complejo discurso qué significado tiene este título cristológico.

Todo este lenguaje del pastor, las ovejas, el redil y su puerta, además de remitirnos a una de las imágenes más usadas en el Antiguo Testamento para referirse a Dios (valga como prueba el mismo salmo que leemos este domingo), alude al culto de Israel. Culto que según los Evangelios, Jesús quería purificar y hacer avanzar, pues el antiguo culto no era más que una prefiguración, preparación o anticipo del nuevo culto instaurado por Cristo. En este sentido abunda la segunda lectura de este domingo, tomada de la primera carta del apóstol S. Pedro.

Los Evangelios nos presentan a Jesús como Nuevo Sumo Sacerdote, como Nuevo Templo y Altar y como nuevo Cordero sacrificado. Especialmente en Juan vemos pistas sobre ello. Por ejemplo, el detalle de que la túnica de Jesús en el momento de morir era sin costuras. Flavio Joséfo cuenta en su obra que la túnica del sumo sacerdote se tejía con un solo hilo continuo. La palabra griega “aulé” que se emplea en Jn 10 y que traducimos por el redil de ovejas, en la Biblia griega se usa para nombrar los atrios del Templo. Jesús es la puerta del redil. En los comienzos del Evangelio de Juan vemos como Juan Bautista llama a Jesús el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Y el Evangelio de Juan indica que Jesús muere a la misma hora en que en el templo eran sacrificados los corderos, que no debían tener defectos, como Jesús, que muere sin que se le quiebre un hueso (Jn 19,33).

La liturgia está plagada de alusiones a Jesús en este sentido. En este tiempo de Pascua podemos escuchar el Prefacio V, en el que se nos exhorta a dar gracias por Cristo “porque Él, con la inmolación de su cuerpo en la cruz, dio pleno cumplimiento a lo que anunciaban los antiguos sacrificios y , ofreciéndose a sí mismo por nuestra salvación, se manifestó, a la vez, como sacerdote, altar y víctima.”

Sin duda, todo lo que se refiere al sacrificio de Cristo cuesta a nuestra sensibilidad actual. Muchas veces decimos que Jesús murió por nosotros y que nos ha salvado, aunque sin saber muy bien qué estamos diciendo. Pero, si eliminamos todas las referencias que hay en los Evangelios a todo esto y no somos capaces de actualizarlo, estamos perdiendo algo esencial de la misión y del mensaje de Jesús.

La invitación que se nos hace hoy a seguir a Jesús, se enraíza en nuestra consagración bautismal, en la que se nos une a Cristo Sacerdote, cuando se nos unge con el sagrado crisma. Supone dar culto a Dios como lo hizo Él, cumpliendo la voluntad del Padre, entregando la vida en servicio a los demás. Para ello necesitamos cuidar nuestra relación con Él, conocerle, escuchar su voz, sus palabras. Aprender a vivir como Él, el Buen Pastor que nos enseña, nos guía por la vida y nos da vida en abundancia, pero vida que no es para quedárnosla, sino para darla, como hizo Él.

Francisco Cruz Rivero sscc

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