Evangelio joven: «…y sacándolo de la viña, lo mataron» (4-oct)

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.
Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.
Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».
Le contestan:
«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».
Y Jesús les dice:
«No habéis leído nunca en la Escritura:
“La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente”
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

(Mt 21, 33-43) Domingo XXVII del tiempo ordinario.
El evangelio se pone duro: los viñadores matan al Hijo porque rechazan que Dios les diga algo sobre «su» viña. ¿Y tú? ¿También crees que lo que tienes es tuyo y solo tuyo? Echando a quien no quieres que te cuente la verdad… podrías matar al mismo Dios.

El evangelio de este domingo nos muestra el paralelismo entre los viñadores asesinos y lo que harán las autoridades religiosas judías con Jesús. Rechazan que Dios les diga algo sobre su viña: es suya y no de ese profeta, de ese «enemigo» que me advierte . Pero no es verdad la forma de discurrir de estos dirigentes religiosos.

A lo largo de la Historia Sagrada muchos ejemplos nos ilustraron. Abraham llamaba a Isaac “mi hijo” pero Dios se lo pidió. Moisés no pudo escoger el camino que el veía para “su revolución” sino el que le dijo Dios. San José no pudo tomar como suyo a un hijo de su estirpe sino el que Dios le dispuso para su cuidado. María tuvo que aprender que el fruto de “sus” entrañas no era su posesión. Pablo no pudo desarrollar su carrera con “su” formación judía sino el camino que Dios le dio.

¿Y tú? ¿Crees que lo que tienes es tuyo y solo tuyo? Tus bienes, tu dones, tus oportunidades, tu pareja, tu vocación, tu carácter… ¿son tuyos o de Dios? Porque, si los tomas como de tu propiedad, te molestarán los hermanos y acompañantes que te recuerden que tú no eres el dueño sino el trabajador que fue elegido para dar fruto. Y echando de tu lado a quien no quieres que te cuente la verdad, podrías matar al mismo Dios. Y arruinar tu parte de la parcela… incluso en nombre de lo que Dios te dio.

Pero Dios no deja que la vida se pare, ni que nadie pueda matar la verdad o a Él. La vida seguirá pero –al igual que aquellos dirigentes judíos perdieron a Dios– tu puedes perderte la maravilla de vivir siempre de la gratuidad del Señor. ¿Matas la viña, matas la verdad… o te abres a lo que Él te pida?

Silvio Bueno sscc

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