Evangelio joven: «…y echaron a suertes mi túnica» (Viernes Santo)

Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
«No la rasguemos, sino echémosla a suerte, a ver a quién le toca».
Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados.
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Luego, dijo al discípulo:
«Ahí tienes a tu madre».
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.
Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo:
«Tengo sed».
Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
«Está cumplido».
E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
(Jn 18,1-19,42) Viernes Santo

“Era una túnica sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo” (Jn 19, 23).

“Era una túnica sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo” (Jn 19, 23).

El evangelio de san Juan se detiene a describir cómo era la ropa que llevaba Jesús antes de morir. Estamos acostumbrados a que tras cada evento con alfombra roja, las revistas analicen minuciosamente cómo iban vestidos ellas y ellos. Pues bien, para San Juan el evento más importante de Cristo es su Pasión (¡menuda alfombra!), así que se va preocupando progresivamente de la indumentaria cuanto más fea se pone la cosa. Y esta túnica es sólo un ejemplo. ¿Qué significado tendrá para nosotros hoy? ¿Nos podremos envolver de este vestido, como una herencia de amor?

San Pablo retoma esto del vestido de Jesús diciendo a los gálatas lo que sigue: todos los que os habéis bautizados en Cristo, os habéis revestidos de él. Esa túnica sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo nos queda bien, como si estuviera confeccionada a la medida de nuestra vocación creyente. Cuando nos bautizamos entramos en ese tejido eclesial gracias al Espíritu, ese Sastre de la unidad sin costuras. Nos revestimos de la Vida de Jesús para poder darla en abundancia. El precio de esta Vida que recibimos constantemente fue su desnudez crucificada, el ponerse en nuestras manos para ser despojado de toda su riqueza. Jesús se queda sin nada, para que nosotros lo alcancemos todo. Esa es la lógica de estos días: perder para ganar, por amor.

¡Qué diferente la alfombra roja de la moda que este Jesús desnudo colgando de un madero! ¿Quieres seguir revistiéndote de Jesús? ¿O tus esperanzas se van detrás de otros vestidos: los vestidos del dinero y la injusticia, del poder y la opresión, del miedo y su “todofobia”?

Jesús te regala la prenda de su Vida verdadera al precio de su sangre, desde la Cruz, desnudo: póntela y sé digno de ella.

José Luis Pérez sscc

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