Evangelio joven: “Volver al origen” (30-dic)

El comienzo del evangelio de este domingo nos presenta a la familia de Nazaret en una imagen de lo más entrañable. Y es que si nos fijamos bien, dice el texto que los padres de Jesús eran los que iban cada año a Jerusalén, al Templo, por lo que probablemente este podía ser el primer año que Jesús les acompañaba de una manera activa, participando en la peregrinación como uno más (según la tradición judía, esta era la edad para el comienzo de la observancia de la Ley). Así se nos está mostrando un momento importante en la vida de la familia. El paso a la vida “adulta” de Jesús, y los padres a su lado acompañándole en su crecimiento.

Sin embargo esta bonita imagen se ve empañada por la tristeza y preocupación de los padres al perder a su hijo de vuelta a Nazaret. Dice el evangelio que todo el camino que llevaban hacia Nazaret, lo deshicieron “buscándole” y anduvieron así tres días hasta encontrarle, por lo que podemos imaginar el agobio y el cansancio que María y José pudieron sentir.

Y cuando lo encuentran… el “niño” estaba en el templo, de charleta con los maestros de la ley… Y a María en su cansancio, le sale el típico grito de madre, que hoy bien podría haber sido: “¡Pero niño, qué crees que estás haciendo, tu padre y yo buscándote y tú aquí tan tranquilo!”

Cierto es que Jesús, probablemente con cierta conciencia de esa mayoría de edad, había visto evidente quedarse en el templo con las cosas de su Padre. Pero aún con toda la sabiduría que los sabios le reconocen, en Jesús debe darse aún un proceso de maduración humana. En familia. En lo cotidiano. En la obediencia a sus padres.

Desde este planteamiento, es muy interesante mirar los movimientos que el texto plantea a lo largo del texto: Primero Jesús sube a Jerusalén. Permanece allí y da cuenta de quién es, de que él ha venido a estar en las cosas de su padre… Pero consciente de que aún no ha llegado el tiempo de eso, baja de nuevo a Nazaret con sus padres, hasta que llegue el momento. Es necesario volver a su hogar, aunque con conciencia de su misión, para seguir madurando, creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Quizá este evangelio puede invitarnos en medio de estas fiestas, a volver al origen, a nuestros hogares, para dejarnos cuidar. Reconocer el regalo que es rodearse de aquellos que más nos quieren. Y aprovechar este espacio como taller donde crecer en el amor gratuito y en la capacidad de amar.

Jorge García sscc

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