Evangelio joven: «Ver el futuro» (18-nov)

Lecturas

Es el penúltimo domingo del año litúrgico. Vamos acabando un ciclo y las lecturas de hoy se acompasan al ritmo de este tiempo que concluye. Desde hace algunas semanas, escuchamos lo que Jesús hace y enseña mientras está en Jerusalén. Son sus últimos días, víspera de su pasión y su muerte.

“Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria”

Leemos parte de un largo discurso que él pronuncia en el monte de los Olivos. Desde allí, en frente a la ciudad, Jesús puede contemplar el grandioso templo al que había peregrinado muchas veces.  Los discípulos se admiran de la esplendidez del edificio, pero él les replica que, a pesar de ella, será destruido completamente. Cuando cuatro de ellos le interrogan sobre cuándo ocurrirá aquello, Jesús les responde yendo mucho más allá de la pregunta.

Les anuncia que llegarán tiempos de grandes catástrofes – guerras, carestías, terremotos – y que los creyentes sufrirán persecuciones. Luego, habrá lugar un acontecimiento extraordinario: “Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria”. Al mismo tiempo, se desencadenará una transformación de escala cósmica: “el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán” y “él enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos”. El cuándo de todo esto es muy incierto. Termina el discurso recomendando a los discípulos que vigilen, como había hecho ya en otras ocasiones.

Evidentemente, son palabras extrañas y enigmáticas, pero la Iglesia ha tomado muy en serio la promesa de la segunda venida del Señor. La ha llamado “Parusía”, que en griego significa “presencia” o “llegada”, y la interpreta como un mensaje de honda esperanza, no como amenaza. En primer lugar, significa que no serán otros a determinar el fin del tiempo y de la historia, sino Dios. Segundo, se hará manifiesto a todos su Reino, opuesto a los poderes de este mundo, que desaparecerán. Tercero, el Hijo, Jesús, Crucificado y Resucitado, recogerá alrededor de sí todos los hijos de Dios dispersos por el mundo. En la visión del Evangelio, la gloria del Señor que vuelve llena la escena y disipa toda sombra. Nuestra fe de creyentes se despierta cuando “vemos” que el futuro pertenece a él.

Damiano Tonegutti ss.cc.

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