Evangelio joven: “Unidos, pero no amarrados” (10-sep)

Ez 33, 7-9
Sal 94
Rm 13, 8-10
Mt 18, 15-20

Cualquier alumno de Instituto o de colegio concertado entiende perfectamente el Evangelio de hoy. Cuando ha ocurrido algún comportamiento grave, antes de chivarse, es mejor ayudar a aquella persona a reflexionar, hacerle ver la desgracia que está cometiendo y el daño que puede hacer a otros. Pero es verdad que, en ocasiones, nos encontramos con tercos que pueden hacer oídos sordos a nuestras buenas orientaciones y seguir adelante con su gamberrada. Dice el texto que, en ese caso, llames a toda la “clase” para que te ayude a hacerlo entrar en razón. Si no lo hace, seguramente acabará expulsado del centro. Pero, la diferencia es que, nosotros, habremos hecho todo lo posible por salvarlo de la expulsión.

La COMUNIDAD CRISTIANA, a la que se invita a todos los jóvenes a participar, no es un lugar de prisión, ni un lugar obligatorio: es un lugar de auténtica libertad. F. Galarza (Unsplash)

La COMUNIDAD CRISTIANA, a la que se invita a todos los jóvenes a participar, no es un lugar de prisión, ni un lugar obligatorio: es un lugar de auténtica libertad.
F. Galarza (Unsplash)

Lo mismo ocurría con los miembros de la comunidad cristiana, reunidos en torno a los primeros apóstoles. ¿Qué hacer con un “bala perdida”? Ayudarle, acompañarlo, darle los mejores consejos, enseñarle el camino correcto, hacer todo lo posible para que reaccione, para que descubra que no es él el protagonista de esta historia, sino Jesús mismo.

Si no hay nada que hacer ya con él, dejarle ir y que con su pan se lo coma, pero no sin antes haber hecho por él todo lo posible.

Y ahora viene el párrafo complicado. “Lo que atéis en la tierra quedará atado…”. ¿Le estaba dando Jesús a algún apóstol poder absoluto? Entiendo que no. Les estaba diciendo a las comunidades, en el contexto de cómo tratar a los pecadores; o a la “ovejas descarriadas”. Las que sean incapaces que pasten por su lado. Pero las que se sientan unidas a Cristo, quedan ligadas con fuerza a la Comunidad Cristiana.

La COMUNIDAD CRISTIANA, a la que se invita a todos los jóvenes a participar, no es un lugar de prisión, ni un lugar obligatorio. Es un lugar de auténtica libertad, donde las personas van, no a ver qué pueden sacar, sino a ver qué pueden aportar. Y aportando sus mejores dones, la comunidad crece. Esa es la comunidad que rezará y pedirá al Padre lo que sea y el Padre se lo concederá.

Joaquín Garre Artés ss.cc.

Fotografía: R. Zunikoff (Unsplash)

Fotografía: R. Zunikoff (Unsplash)

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