Evangelio joven: «Una cucharadita de fe» (6-oct)

Lecturas

Esta semana, el evangelio nos habla de una fe desmesurada, capaz de mover montañas. Y de un agradecimiento que, como aquella fe, coge la vida toda. Desde ahí, traemos estas palabras de Dolores Aleixandre rscj:

Por eso, lo primero que tenemos que hacer es consentir en creer «lo increíble»: que su deseo de comunión y de intimidad precede siempre al nuestro.

«A veces damos vueltas sobre dónde estará Dios, por qué se oculta y cómo podemos encontrarlo… pregunta que tiene un efecto boomerang y nos plantea otra cosa: dónde estamos nosotros, por qué nos escondemos, por qué tenemos miedo a dejarnos alcanzar por su presencia, por qué nos cuesta abrirle la puerta para que cene con nosotros…

Es verdad que tenemos que hacer cosas por él, y desearlo y buscarlo, pero reconociendo, sobre todo, que lo nuestro es mucho más responder a su deseo, permanecer a la espera, salir de nuestros escondrijos, dejarnos encontrar. La «gracia» del Evangelio está en vivir la vida cristiana como algo en lo que tenemos que poner toda nuestra iniciativa, nuestro esfuerzo y nuestra dedicación y, a la vez, como un don que se regala gratis a servidores inútiles, que es lo que en definitiva somos.

Creer no es poseer un perchero del que colgar los dogmas, sino abrirse al asombro de que Dios nos busque, que tenga planes e iniciativas y palabras que dirigirnos. Por eso, lo primero que tenemos que hacer es consentir en creer «lo increíble»: que su deseo de comunión y de intimidad precede siempre al nuestro; que es a Él a quien le resulta un regalo nuestra presencia; que es El quien tiene planes e iniciativas y palabras que dirigirnos, y que lo mejor que podemos hacer es abrir la puerta y acogerlo.

Y con él entrará también en nuestro corazón ese «mundo sin hogar» que está esperando a la intemperie».

D. Aleixandre, Compañeros en el camino, Sal Terrae 1995, p. 51

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