Evangelio joven: “Un mundo lleno de promesas” (1-oct)

Ez 18,25-28
Sal 24
Fil 2,1-11
Mt 21,28-32

Mateo ubica esta parábola de los dos hijos junto con otras dos, la parábola de los viñadores homicidas y la de la fiesta de bodas. Las tres tienen como tema el juicio, y como destinatarios los líderes religiosos. Por tanto, de lo que hablamos, lo que entra en juego es la salvación. Los considerados pecadores o impíos alcanzan la salvación; y los considerados justos quedan excluidos de ella. ¿Dónde reside la diferencia en esta parábola? Precisamente en los hechos; en lo que es verdadero distinguido de promesas vacías que restan todo tipo de credibilidad.

“Estamos ante un mundo donde no faltan guías prácticas que prometen éxitos inmediatos”.
Fotografía: W. Witkowski

Estamos ante un mundo (explica fabrice Hadjadj en su libro Tenga usted éxito en su muerte) donde no faltan guías prácticas que prometen éxitos inmediatos: “Los secretos de una perfecta salud”, “métodos para enriquecerse sin esfuerzos”, “trucos y estratagemas para una gran carrera profesional”. Y así podíamos seguir añadiendo de todo: Conseguir fácilmente el permiso de conducir, aprender inglés sin esfuerzo lo escuchamos en la radio continuamente, y en múltiples anuncios adelgazar sin sacrificios ni deporte.

La tesis de este autor es que no hay fracaso más amargo que cuando la muerte viene a sorprendernos habiendo tenido éxito en el mundo. Nuestro final nos hace abrir los ojos y descubrir que en el fondo habíamos vivido para nuestro “engorde”, procurándonos vivir para nosotros mismos y eso sí, con la habilidad que nos caracteriza para adornarlo religiosamente, y sin que nunca nos falte lo fundamental, el propio reconocimiento o una imagen correcta y muy buena de nosotros mismos. Si uno se para a leer bien la parábola se preguntará si no es mejor en lugar de tener éxito, intentar ser pobre y desgraciado como los publicanos y las prostitutas que llevan la delantera en el camino del Reino de Dios.

Hay muchas formas de vivir falsamente nuestro seguimiento a Cristo: Pedir perdón sin arrepentimiento, acoger responsabilidades sin compromisos. Y así tantas variantes como personas en el mundo.

Que el Señor nos ayude a que a nuestras promesas las acompañen nuestras obras.
Fotografía: J. Asato.

También los hay que quisieran volverse atrás en los compromisos pero les puede más la fidelidad y el amor. Quién se alegraría de no oír la llamada, pero la escucha y la sigue. Y así nos debatimos en  nuestra vida entre la propia voluntad y la de Dios; sabiendo que ésta tiene muchos costes en cuanto éxitos personales, esfuerzos, sacrificios, vidas acomodadas e instaladas o vidas entregadas. Y en el fondo, renuncia de sí y de todo aquello que lo alimenta. ¿Qué es lo que realmente queremos? ¿Qué perseguimos? La respuesta auténtica a estas preguntas sólo la podemos dar a Dios; y sólo a veces. Pero conviene que se den en nuestras vidas para saber qué hay detrás de nuestro sí al Señor, tan fácil de palabra y tan difícil hacerlo real.

Que el Señor nos ayude a que nuestra palabra acompañe nuestras obras. Que nuestro amor a Él nos ayude a responderle con vuestra vida. Que Nuestro sí se traduzcan en acciones; y hagamos ver cómo las promesas de Dios son muy diferentes a las de un mundo lleno de promesas vacías.

Nacho Domínguez Alcántara ss.cc.

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