Evangelio joven: «Un Hogar de puertas abiertas» (14-may)

Hch 6,1-7
Sal 32
1Pe 2,4-9
Jn 14,1-12

Es curioso cómo en los sinópticos Jesús entra en varias casas y en Juan en cambio Jesús mismo es la casa, es esa morada a la que hace referencia “… en la casa de mi Padre hay muchas moradas”.

A veces se ha interpretado la casa como la persona. De manera que entrar en la casa de Zaqueo es entrar en su persona, y eso es lo que provoca una conversión en Zaqueo y le lleva a actuar; Zaqueo se hace seguidor de Jesús. En Juan tenemos un paso más, pues hay una invitación a una adhesión plena a Cristo, a vivir desde sus sentimientos, desde su manera de relacionarse, de mirar, de tratar a los otros, en definitiva de amar a los hermanos. ¿Pero cómo llegar hasta este punto?

Fotografía: T. Mossholder (unsplash.com)

Fotografía: T. Mossholder (unsplash.com)

El primer paso, el que indicábamos que es abriendo las puertas de nuestro hogar, de nuestra casa. Abriendo nuestro corazón, nuestra persona, mostrando nuestros miedos a Jesús y por tanto, a aquellos que puedan ser referentes de fe y a través de los cuáles el Señor pueda hablarnos, sanarnos, escucharnos, acompañarnos…

En segunda lugar, ponernos a actuar en consecuencia. Cuidar nuestra fe, despertar nuestros sentidos, encontrarnos con Cristo en la oración, en los sacramentos, en la misión, en la calle, en aquellos sitios donde estamos presentes. Y es aquí curiosamente, una vez hecho ya un recorrido de seguimiento cuando nos ocurre algo similar a Felipe: “Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces Felipe?”  Corremos el peligro de caer en la rutina, de perder la capacidad de sorprendernos. La llamada es siempre a mirar al modo de los niños, con ojos desacostumbrados. Es así como aprendemos, cómo renovamos el encuentro y somos capaces de ver en Cristo siempre algo nuevo.

Fotografía: M. Windhausen (unsplash.com)

«Ésa es la oferta que Él nos hace, la Buena Noticia, Él es y nos invita a que seamos UN HOGAR DE PUERTAS ABIERTAS». Fotografía: M. Windhausen (unsplash.com)

Por tanto, no se trata sólo de abrir nuestro corazón y nuestra persona a lo que Cristo nos pueda decir y actuar en consecuencia. Y aquí tenemos la tercera iniciativa, se trata también de ir en su busca, de reconocerle, de entrar en su casa, de seguirle hasta el final. Consiste en estar en un continuo discernimiento para saber qué nos pide Cristo, dónde está la Verdad de su voluntad, de lo que quiere de nosotros e ir allí para permanecer con Él hasta el final. Es eso y no un seguimiento mediocre lo que genera Vida y la genera en Abundancia.

Abrir nuestro corazón al Señor, recorrer el Camino, reconocer la Verdad que es Cristo mismo y permanecer en ella hasta el final, que es entrar en su casa, en su morada, en su corazón dará Vida y es la Vida misma. Ésa es la oferta que Él nos hace, la Buena Noticia, Él es y nos invita a que seamos UN HOGAR DE PUERTAS ABIERTAS.

Nacho Domínguez ss.cc.

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