Evangelio joven: «Un abrazo que nos hace sentir en casa» (31-mar)

Lecturas

En el camino de la cuaresma se nos invita con este evangelio a la conversión, algo a lo que hacía referencia el Papa Francisco al comenzar este tiempo: «el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual». La cuaresma entendida de este modo no nos sitúa muy lejos del camino que recorrió el hijo menor.

Siempre que leo esta parábola, me sale contemplarla y situarme en algún momento del relato o ponerme en lugar de algún personaje. También los niños pequeños, si se lo pedimos, pueden situarse en este relato. Esta semana rezábamos en el oratorio con este texto con los niños de 3º de infantil, y cuando les preguntábamos qué creían ellos que quería decirnos Jesús con esta parábola, todo lo decían sintiendo que ellos están en casa de “papá”. No podían comprender por qué quería abandonar el hijo menor a su padre. ¿Por qué abandonar el hogar? ¿Por qué abandonar a esa persona que nos quiere tal y como somos? Esa persona que nos cuida y nos protege, que nos da todo aquello que necesitamos.

Hoy podríamos preguntarnos dónde estamos nosotros. ¿Dónde me veo reflejado en este relato? ¿Desde dónde sientes hoy que afrontas la cuaresma? ¿Abandonando la casa?

Hoy podríamos preguntarnos dónde estamos nosotros. ¿Dónde me veo reflejado en este relato? ¿Desde dónde sientes hoy que afrontas la cuaresma? ¿Abandonando la casa? ¿Consciente de estar en el camino que te aleja de Dios? ¿Sintiendo que estás en otro sitio? ¿Con el deseo de volver? ¿Sintiendo la alegría del perdón?

Francisco decía arriba que recorrer este camino nos lleva a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos. A veces podemos mirarnos a nosotros mismos y no reconocernos, confundiendo lo que somos con el daño que hemos podido hacer. Puede que al hijo menor le ocurriera algo parecido, que se olvidará de quién es. Pero fue valiente y decidió volver a casa.  Se acordó que allí estaba quien le quería tal y como es y que con su mirada le devolvía quién es. También nosotros podemos seguir volviendo a Dios, dejarnos abrazar por Él y sentir que se nos devuelve quiénes somos.

Decía una niña del oratorio que aunque nos fuéramos, siempre va a estar esa casa a la que volver, porque siempre Dios nos va a cuidar y nos va a querer aunque hayamos hecho las cosas un poco regular. Siempre podemos volver. Podemos recorrer ese camino y llegar a sentirnos en casa. Sentir ese abrazo con el que expresa el Padre su cariño y su alegría. Un abrazo que supongo que para el hijo fue acogedor, porque es un abrazo que no mira y ni juzga, sino que acoge todo lo que es y ha hecho este hijo menor; un abrazo que es sanación porque permite que el hijo pródigo pueda sanar el dolor que lleva en su interior; y un abrazo que también es descanso porque se convierte en lugar donde poder descargar todo el cansancio que el camino y las luchas internas han producido en el hijo que vuelve. Un abrazo que nos hace sentir en casa.

Alberto Gaitán sscc

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