Evangelio joven: “Telerrealidad vs. Cuaresma” (miércoles de Ceniza)

Jl 2,12-18
Sal 50
2Cor 5,20-6,2
Mt 6,1-6.16-18

Fotografía: Frank Okay (www.unsplash.com)

Fotografía: Frank Okay (www.unsplash.com)

Cuando hace unos cuantos años comenzaron los programas de telerrealidad las televisiones trataban de convencernos de que cuanto mostraban las cámaras era la vida misma, que nos mostraban un reflejo de la sociedad actual. Hoy en día sabemos que esto no es así. Muchas veces estos programas están guionizados y a menudo la organización provocan distintas situaciones, la mayoría de ellas conflictivas o morbosas, que es lo que atrae a la audiencia. Pero, aunque esto no fuese así, aunque las productoras dejasen a los concursantes a su aire, ¿realmente estos se mostrarían tal y como son? Encerrados en una casa o aislados en una isla desierta, rodeado de cámaras y sabedores de que al otro lado hay una audiencia que les mira resulta difícil de pensar que alguien pueda mostrarse tal y como es.

Hoy la Iglesia nos invita vivir una experiencia distinta. No nos encierra en una casa pero durante cuarenta días nos pide que tengamos presente algunos consejos e indicaciones para alcanzar el gran premio de la Pascua. Aunque Dios lo ve todo, no estamos en un programa de telerrealidad. La propuesta es vivir la realidad a fondo y en verdad, de manera que hacia fuera no demos una imagen deformada de nosotros mismos, sino todo lo contrario: que vivíamos de forma cada vez más auténtica y brote así lo más verdadero de cada uno.

A-C0 Miércoles de Ceniza

¡Que la ceniza que hoy llevamos en la frente nos recuerde el sentido de este tiempo!

Esa verdad de cada uno que ahora tiene que salir a la luz posee varias características y muchas de ellas las compartimos. Debemos reconocer que a menudo no hacemos las cosas bien, que muchas veces nos olvidamos de Dios y que incluso le hemos llevado la contraria deliberadamente. No queda más remedio que admitir que en la oración nos cuesta abrirnos a su voluntad y que el corazón corre el peligro de volverse de piedra. Tenemos que confesar que pensamos más en uno mismo que en los demás, que se nos olvida que el prójimo es el que está a nuestro lado, que queremos más y más para nosotros, sin llegar a saciarnos porque nada de lo que tantas veces buscamos con ahínco nos sacia si no es Dios. Tenemos que pedir perdón a Dios por deformar nuestra realidad, por no parecer sus hijos.

¿Somos capaces de reconocer todo esto y vivir sin engañarnos? La Iglesia nos propone que una vez que lo hagamos tendamos nuestras manos a Dios buscando su ayuda para poder llegar a ser la mejor versión de cada uno de nosotros. Dicho en otras palabras, para que nos convirtamos. Entonces, solo entonces, estaremos viviendo conforme a nuestra verdad: pecadores perdonados que acompañan a Jesús en el camino hacia la cruz para abrazar la Vida.

Que la ceniza que hoy llevamos en la frente nos recuerde el sentido de este tiempo y ojalá seamos capaces de seguir el guión que nos marca la Cuaresma.
Paco Egea ss.cc.

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