Evangelio joven: «…sopló sobre ellos» (31-mayo)

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

(Jn 20, 19-23) Fiesta de Pentecostés
El Espíritu es ese soplo del Señor que lo cambia todo: la desesperanza en razones para confiar, el miedo en capacidad de dar la vida. ¡Ven Espíritu Santo!

A lo largo de los cuatro Evangelios vemos que, desde el principio de la vida pública de Jesús, se rodea de una serie de personas que se convierten en sus seguidores, en sus discípulos. Ellos van a escuchar sus palabras, van a presenciar sus signos en los que comunica vida, salud, perdón, cercanía con los pobres, los marginados, todos aquellos que son mal vistos por las autoridades religiosas de su tiempo y siempre con una profunda confianza en Dios al que se dirige como su Padre.

Es cierto que algunas veces no le entienden muy bien, casi les parece que lo que dice y predice sobre su futuro es inconveniente y lo rechazan. No, no es posible que Jesús fracase, él está llamado a triunfar y ellos con él. Pero lo cierto es que finalmente Jesús, que se ha esforzado tanto en preparar a sus discípulos más cercanos en el camino a Jerusalén, ante sus ojos va a fracasar pues va a ser juzgado y condenado a la muerte más horrible de la crucifixión. Todos, menos unas pocas mujeres y el famoso “discípulo amado” del cuarto Evangelio le van a a abandonar y van a volver a lo suyo.

Se sienten perdidos sin Jesús. Se sienten atemorizados, sin horizonte después de aquel sueño vivido con él. Es entonces cuando Jesús aparece de nuevo en sus vidas, entregándoles el Espíritu que les había prometido. El Espíritu que había guiado su vida hasta el final. El Espíritu del Hijo amado del Padre, al que estaban llamados a escuchar.

A partir de ese momento todo cambia en la vida de los discípulos de Jesús. Ya no hay miedo, ya se comprende lo que antes no se había comprendido y es que la muerte no es el final de la vida que había vivido Jesús sino la Pascua, la culminación de una vida entregada y dispuesta a morir para que todos tengan vida, para que todos siguiéndole a Él movidos por su mismo Espíritu hagamos lo que Él hizo, repitamos sus palabras y sus signos, continuemos su Misión en el Mundo para el bien de todos.

Hoy día de Pentecostés, fiesta del Espíritu es nuestra fiesta, la de los seguidores de Jesús que hemos comprendido su vida y su mensaje y queremos movidos por su mismo Espíritu servir a nuestros hermanos, como Él lo hizo

Enrique Losada ss.cc

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