Evangelio joven: «Sois la luz del mundo» (9-feb)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

Mt 5, 13-16. Domingo V de Tiempo Ordinario.
¿Qué sería de nosotros sin la sal? ¿Y sin la luz? Que no nos falte la sal y la luz del Señor en nuestras vidas… ¡para poder ser sal y luz para los demás!

En el Evangelio de hoy comprobamos, una vez más, el gran predicador que fue Jesús. Siempre usa palabras y ejemplos que el pueblo pueda entender. En esta ocasión usa la sal y la luz

¿Que sería de nosotros sin la sal? Rara es la receta en la que no se use. La sal nos ayuda a dar sabor. Y así debe de ser la fe para nosotros, la que de sabor a nuestra vida. Yo tengo serios problemas cuando llamo a mi madre para que me de una receta y le pregunto sobre la cantidad de sal que hay que echar. Su respuesta siempre es “a ojo” o “a demanda, lo que vaya pidiendo” ¿Qué cantidad de sal es esa? La fe no es a demanda, pero sí vamos experimentando en la vida que el cuerpo cada vez nos pide más. A la receta de nuestra vida no le basta con una pizca sino que necesita un buen puñado generoso.

Y ¿que sería de nosotros sin la luz? Hoy nosotros ya apenas usamos velas pero no podemos pasar cinco segundos sin usar la electricidad. La luz nos alumbra, alarga nuestros días y nos hace ver con claridad. Jesús es la luz del mundo que ha venido a alumbrar la oscuridad y a rescatar lo que estaba perdido. Él nos invita a participar de su luz. En el bautismo a nuestro padrinos le dieron una vela cuya luz fue tomada del cirio pascual y al entregársela les dijeron: «Recibe la luz de Cristo. A vosotros, padres y padrinos, se os confía acrecentar esta luz. Que vuestros hijos, iluminados por Cristo, caminen siempre como hijos de la luz».

Nosotros, no solo estamos llamados a que la luz de la fe ilumine nuestra vida, sino que también tenemos la misión de alumbrar a otros. Así lo rezaba el cardenal John Henry Newman (recientemente canonizado):

Quédate conmigo y entonces comenzaré a brillar como brillas Tú; a brillar para servir de luz a los demás a través de mí. La luz, oh Señor, irradiará toda de Ti; no de mí; serás Tú quien ilumine a los demás a través de mí. Permíteme pues alabarte de la manera que más te gusta, brillando para quienes me rodean.”

(H. Newman)

Qué bien se explica Jesús, qué fácil entenderlo. Vivirlo ya es otra cosa… Solo podemos ser sal y luz si Cristo está con nosotros. Que Él sea sal y luz para nosotros para que así nosotros podamos ser sal y luz para los demás.

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