Evangelio joven: «Si tu hermano peca» (6-sep)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos

(Mt 18,15-20) Domingo XXIII de tiempo ordinario.

No es fácil “reprender” a alguien, quizás menos aún a un hermano… Porque te puede dar miedo su reacción, que no te entienda, que le hagas año y que al final pueda romperse algo importante entre vosotros.

Pero justo por eso, por que es tu hermano o tu hermana, lo haces. Con una persona más “lejana” una corrección no es tan fraterna, no pone a prueba nada, pero con tu hermano, tu hermana, tu amigo… es muy diferente.

Cuesta muchísimo, es cierto. Pero para querer como verdaderos hermanos a veces tenemos que aportar una palabra de contraste… y a veces nos toca dejarnos reprender.

Hace poco una “hermana” lo hizo conmigo… Me miró y me hizo sentir antes que nada “hermano”. Me hizo sentir querido, que le preocupaba y, de un modo valiente, me hacía una corrección para mi bien. Al final… me devolvió la total libertad de que hiciera lo que yo deseara, pero me hizo saber lo que veía y creía importante para ella, para mí y para muchos.

¿A qué me anima este evangelio hoy? A querer como un verdadero “hermano”. Esto es, a mirar con cariño a quien viene a corregirme, a entender lo profundo que me quiere decir, a ser valiente y plantearme en serio lo que debo cambiar y a crecer en libertad y en verdad.

Gracias Señor por poner hermanas y hermanos en el camino que no me dejan en paz, sino que desean algo grande para mí. Gracias porque en ese rato siento que cuando dos están reunidos en tu nombre y tu palabra, tú estás allí, con nosotros.

Pedro Gordillo sscc

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