Evangelio joven: “Si no, la cortas” (24-mar)

Lecturas

La tercera tentación del Señor que leímos en el primer domingo de cuaresma –la escena del desierto– aparece aquí nuevamente como advertencia. No podemos poner a prueba a Dios dejándonos caer del alero del templo para que Él nos salve. No caer es responsabilidad mía. No puedo dejar para Dios lo que me toca a mí. La viña será bien tratada, cuidada, mimada pero la viña tiene que dar fruto: si no, se corta.

¿Es que la misericordia de Dios no es infinita? Sí. Pero tu tiempo y el tiempo de las personas e instituciones que dejas de atender, no lo es. Y tú, como criado negligente puedes marchitar y matar.  Y cierta paciencia contigo, que acaba siendo abuso por tu parte de lo que Dios te presta, es una verdadera injusticia para otros.

Por eso Jesús en esta lectura del tercer domingo de cuaresma nos insta a no buscar excusas fuera de nosotros, a la situación que vive la comunidad, el pueblo, la Iglesia. A menudo justificamos nuestro fracaso apostólico en excusas peregrinas, campanudas e incluso disfrazadas de “muy espirituales”: El “karma” o el destino; “estos tiempos que ya no admiten la fe y el mundo es muy perverso”, los gobiernos, la secularización, esta o aquella herida. Al parecer es mejor que se incorpore menos gente a la Iglesia, si por dentro te invade el ‘eficacismo’. Si mides cuánta gente se incorpora a tu grupo, o sale… mides demasiado: como si a Dios no le importase el resultado en las personas.


Para Dios nada es imposible; a ti y a mí, nos toca todo lo posible.

Bajo capa de espiritualismo, hablamos de esperar en el Espíritu, de sembrar sin ver, de la cultura de lo poco… y así “espiritualmente” nunca fracaso y por tanto tampoco tengo que cambiar estructuras y decisiones personales o institucionales. A veces se nos está cayendo la comunidad, la parroquia, la Iglesia encima y nosotros como si fuéramos “nuevos ricos” satisfechos dejamos que muera para mayor gloria de Dios.

La viña está para dar frutos. Somos –gracias al Espíritu– el presente de muchísimas generaciones de creyentes. Somos descendientes de Abraham y Jacob. Procedemos del torpe Moisés que ya trató de salvar a su pueblo y fracasó, pero que volvió al tajo no ya con sus tácticas sino con las de Yavé. Tenemos por el bautismo y la confirmación la misma vida del Cristo –el Espíritu de Jesús–. La Iglesia no lo tiene fácil pero, ¿quién dijo que lo fuera? ¿Es más dificultoso nuestro tiempo que el de Cristo? ¿Tenemos menos posibilidades que los apóstoles?

No basta con creer en Dios, sino en la gracia que es el amor de Dios operante. No se trata de confesar que Dios existe y extasiarme sino de creer en su poder. Por eso, como hacen los hijos de este mundo habrá que revisar, invertir, cambiar formas sin traicionar la verdad de Dios pero hacer todo lo que esté en nuestras manos para que más gente conozca a Dios y su amor y quiera ingresar en el Reino de Dios.

En medio de la cuaresma, Dios nos pide una conversión; pero real, tangible y la mayor parte de las veces, también cuantificable. Para Dios nada es imposible; a ti y a mí, nos toca todo lo posible.

Silvio Bueno sscc

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