Evangelio joven: «Setenta veces siete» (13-sep)

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.
Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste ¿no debías tener tú también compasión de un compañero, como yo tuve compasión de ti?”.
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

(Mt 18,21-35) Domingo XXIV de tiempo ordinario
Siempre hay algo en nosotros que va diciendo a los demás»¡Págame lo que me debes!»
Y por eso cuesta tanto entrar al tema del perdón… ¿Qué tal si partimos de nuestras dificultades?

Es frecuente en los grupos (también en los de las convivencias, sobre todo si son algo más mayores y han vivido ya suficientes historias) que cuando se toca el tema del perdón se reaccione fuertemente como diciendo: «hasta aquí hemos llegado, para los niños está bien pero hay cosas que cuestan mucho perdonar (y aquí cada uno puede sacar su pequeña o gran historia)…» Otras veces es frecuente que alguien al sacar el tema se ponga furioso e irascible, demostrando así que el problema o dificultad que tiene sigue ahí enquistado, no ha evolucionado bien.

Después de haber hablado el domingo pasado de la corrección fraterna hoy Jesús habla del perdón, un campo difícil en el que fácilmente caemos, o bien en idealizaciones que no toman en cuenta la realidad y el sentimiento de las personas, o bien en visiones muy a ras de tierra que impiden ver las situaciones con distancia y altura.

Lo sorprendente es que Jesús lo aborde de una manera tan clara y exigente: «hasta 70 veces 7». Ofreciéndonos un amplio horizonte en el que ir iniciándonos en este modo tan suyo de amar que tanto nos cuesta. Solo quien está acostumbrado a hacerlo puede hablar así, y es que Dios es aquel que con su perdón brinda siempre nuevas posibilidades de mejora.

Os propongo para entrar en el texto un pequeño cambio de tuerca: partiendo de nuestras dificultades.

Siempre que pensamos en perdonar parece que perdemos, que no se hace justicia con nosotros y que encima el culpable queda absuelto, de ahí que salte nuestro orgullo. Pero puede que precisamente en nombre de esa «justicia» estemos llenando nuestra vida de resentimiento cuando no de una ira que nos impide vivir en paz.

Pero perdonar te libera de ataduras afectivas que no hacen mas que encerrarte en cantinelas estériles. Y si encima has vivido que el amor de Dios perdona tu pecado, entonces la invitación es a actuar así con los otros y experimentar en ti esta liberación.

Perdonar es actuar como Dios, ser bueno, libre, y dejar que el amor reine en la toma de decisiones. Perdonar nos hace entrar en esa dinámica divina en la que se vence al mal a fuerza de bien.

Poldo Antolín sscc

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