Evangelio joven: «Según su capacidad» (15-nov)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio, el que recibió uno fue a hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:
“Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco”.
Su señor le dijo:
“Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo:
“Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos”.
Su señor le dijo:
“Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
Se acercó también el que había recibido un talento y dijo:
“Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.
El señor le respondió:
“Eres un siervo negligente y holgazán. ¿Conque sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes”».

(Mt 25,14-30) Domingo 33º de tiempo ordinario

La parábola de los talentos (Mt 25,14-30) es muy conocida. Su mensaje atemporal nos dice de utilizar con valentía nuestras cualidades para el bien de todos y de no sepultarlas por el miedo. La historia ha sido tan exitosa que la palabra “talento”, una medida monetaria, acabó por indicar una capacidad personal específica precisamente por el valor simbólico que asume en el texto.

El sentido principal de la parábola permanece válido. Sin embargo, hay un aspecto secundario que merece la pena subrayar. Leemos que el dueño, Dios, repartió los talentos “a cada cual según su capacidad”: uno recibió 5, otro 3 y el último solamente 1. Es muy comprensible que éste se sintiese inseguro, más pequeño que sus compañeros y que actuara consecuentemente con temor. El pasaje nos pide identificarnos con este último.

La parábola nos muestra que compararse con los demás puede provocar miedo y desconfianza. Como solución, algunos aconsejan con firmeza: “¡no te compares!”. Me parece, sin embargo, una medida drástica y poco convincente. De hecho, pienso que compararse con otros es fuente eficaz de auto-conocimiento. Si no me comparara, podría llegar a pensar que soy un gran jugador de fútbol, o un excelente estudiante de matemáticas o Madre Teresa de Calcuta rediviva… sin serlo. La comparación con los demás nos brinda por tanto una lección de realismo insustituible pese que a veces nos cueste entenderla y aceptarla.

Cada uno tiene algún talento valioso, grande o pequeño, que debe ser desarrollado y compartido: la parábola es muy clara. Contempóranamente, además, nos dice que la comparación con otros no tiene por qué desanimarnos, antes bien, puede ser utilizada como instrumento útil para lograr mayor lucidez y auto-aceptación. Gracias a eso podemos actuar y ser útiles a otros con mayor libertad.

Damiano Tonegutti sscc

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