Evangelio joven: «…se acerca a la Luz» (14-mar)

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.
Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».

(Jn 3,14-19) Cuarto domingo de cuaresma.
El juego de luces y sombras de este evangelio nos habla de nuestro proceso de conversión: pasar de una fe tibia y teórica a la experiencia de ser amados por el Señor. ¡Dejemos que su Luz alumbre nuestras tinieblas!

Las palabras del Evangelio de hoy se las dice Jesús a Nicodemo, ese hombre mayor, bien posicionado, conocedor de la Escritura, que sale de noche a escondidas y con miedo para encontrarse con Jesús porque, a pesar de todo, vive en la oscuridad. 

Jesús le dirá dos cosas: el Hijo del Hombre tiene que ser elevado (cruz) y la luz vino al mundo y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz. Esa confrontación en la noche no sé si le sentaría muy bien en ese momento, pero se prendió una luz en su corazón.  

Al final del Evangelio, cuando Jesús esté elevado en esa cruz anunciada, Nicodemo irá con perfumes para embalsamar su cuerpo. La oscuridad de su interior ha quedado atrás, y es a plena luz del día y a la vista de todos, en el momento del día en que el sol está más alto, cuando le quitará los clavos, lo descenderá de la Cruz y con todo el amor del mundo lo trasladará al sepulcro en ese último momento, el más sagrado,  donde solo acompañan los íntimos.

La conversión es pasar de la oscuridad de la timidez, miedo al qué dirán, duda, flaqueza, tibieza de una fe teórica, a la luz de la decisión firme, libre de apariencias, convencida y auténtica que nace de la experiencia de sentirse amado por Jesús.

En la Vigilia Pascual se elevará y mostrará la Luz del Cirio por tres veces, donde tres veces se mostró el Viernes Santo al Crucificado. Entonces recordaremos que todos nacemos verdaderamente de nuevo, como Nicodemo, a pesar de la edad que tengamos, solo cuando dejamos que su luz alumbre nuestras tinieblas.

Poldo Antolín sscc

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