Evangelio joven: «Que no nos roben el fuego» (16-dic)

Lecturas

El tercer domingo de Adviento, domingo de la alegría, nos trae varias preguntas para dinamizar nuestra espera. Vamos a dejar interpelarnos por ellas, con calma, dejando que entren en lo más interior de nuestra vida.

“¿Qué debemos hacer?”. Lo que hace el Niño que viene: ser pan para el que está machacado por el hambre y la desnudez. Ser pan, alimento, calor, puentes que acercan y evitan exclusiones.

Domingo de la alegría para estar alegres anunciando la Buena Noticia, que se concreta en palabras de esperanza y en signos que hablan por sí solos de fraternidad y vida compartida.

“¿Qué debemos hacer?”. Mira a tu alrededor.

“¿Qué puedes hacer?”. Mira bien: da de comer, colabora con los que están haciendo campañas en estos días por los demás o promueve iniciativas solidarias, da tu capa… La alegría se manifiesta en la generosidad de la mirada y en aquello que compartimos sintiendo profundamente el dolor y sufrimiento de nuestros hermanos.

“¿Qué debemos hacer?”. No quejarnos demasiado y ser felices. Hemos recibido la Buena Noticia: el Niño traerá la justicia.

Escultura en la colina de Asís, en la que Francisco, sencillo y soñador, contempla el horizonte… ¿quizás aguarda a Aquél el Que Viene?

“¿Qué debemos hacer?”. Agradecer más a Dios. Ojalá nuestros corazones latan al ritmo del Corazón de Dios y nos dejemos impregnar por su Amor, para actuar como Jesús, dando vida, al estilo de los mártires de Thiberine.

El bautismo de Juan limpia, reconcilia, abrillanta, renueva… pero le falta algo. Ese algo es el “plus” del bautismo de Jesús: su Espíritu. Espíritu que prende en los corazones y que nos invita a entrar en la ola del Amor. Espíritu que muestra la predilección, el Amor del Padre por el Hijo y por sus hijos. Espíritu que se hace corazones que pueblan y repueblan la tierra, que coronan con la llama de la pasión lo que falta de pasión y compromiso al mundo. Celebrar y renovar el bautismo significa dejarnos prender por el fuego de Jesús y transformar la realidad con su luz y su calor.

Hace unos días he podido visitar, junto a un grupo de hermanos ss.cc., los lugares relacionados con san Francisco y santa Clara en Asís, dos amigos de Jesús bañados en el fuego del Espíritu y del bautismo. Con un frío tremendo, me imaginaba a Francisco cantando alabanzas a la hermana nieve, al lobo, al sol, incluso a la propia muerte. Vivir así ensancha el alma, la mente, el corazón. Da libertad para estar atentos a lo esencial. Que nadie nos robe el fuego que transforma todo frío, que ilumina cualquier oscuridad, que alimenta las más diversas hambres.

Fernando Cordero ss.cc.

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