Evangelio joven: «¿Qué hacéis ahí plantados?» (24-mayo)

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

(Mt 28, 16-20) Domingo VII de Pascua. Fiesta de la Ascensión del Señor.
A todos nos ha pasado: después de una experiencia grande de fe, no logramos mantener esa motivación que creíamos infinita. Puede venirnos bien este domingo de la Ascensión, para descubrir cómo vivir la vida «después de».

Cuántas veces al terminar una convivencia o un campo de trabajo hemos pensado: «Aquí es fácil, pero cuando vuelva a casa…», «Ojalá pudiera vivir siempre de esta manera»… Y cuántas veces, a mitad de curso nos acordamos de esos momentos, o rescatamos los proyectos personales que hicimos y pensamos: «Con lo motivado que yo volví, ¿qué me ha pasado?»

Las lecturas de este domingo nos hablan de algo de esto. Los discípulos tuvieron esta misma experiencia: después de haber vivido con Jesús, de «verle» resucitado… llega el momento de tener que decir adiós, o quizás solo acostumbrarse a una nueva forma de presencia, más silenciosa, sin tanto bombo y platillo. Si queremos seguir a Jesús, porque hemos sentido que ahí la vida se vive de mejor manera, llega un momento donde hay que dejar ir las experiencias a base de «subidones de fe», y eso muchos de vosotros lo sabéis bien.

Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? ¿Qué más esperáis? ¿No se os ha dado ya el ciento por uno? ¿Aún no habéis entendido que es en Galilea, en lo de siempre, en vuestra rutina donde Dios habita? Entre las muchas cosas que se podrían decir de las lecturas de hoy, ésta me parece importante: «Dejad de esperar grandes signos, dejar de esperar experiencias de las que no se pueda dudar, id a vuestras Galileas, esas que no siempre son cómodas ni tan fáciles como en Jerez o Salamanca, y no olvidéis: yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin de los tiempos».

No olvidéis que nos acompañamos unos a otros en el camino y que en esta tarea, Dios nos regala su Espíritu, que no es tan fácil de percibir como al Jesús de carne y hueso, pero si aprendemos a escuchar, descubriremos que lo habita todo.

Vayamos pues, y hagamos lo que ya intuimos que Dios quiere de nosotros. No sigamos esperando experiencias sublimes para atrevernos a dar los pasos que ya sabemos que tenemos que dar. A veces simplemente toca saltar al vacío y confiar en que Él estará con nosotros hasta el final.

Elena Díaz ss.cc.

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