Evangelio joven: «Puertas cerradas, costado abierto» (19-abr)

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en
medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás:
«Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

(Jn 20, 19-31) Domingo II de Pascua
Jesús vive, está junto a nosotros y, por su costado abierto, nos muestra su Corazón. Por ese costado abierto, nos da vida y nos invita a vivir sin miedo… incluso cuando las puertas están cerradas.

El evangelio de hoy nos dice que los discípulos estaban en casa con las puertas cerradas, y nosotros lo leemos también cerrados en nuestras casas desde hace más de un mes. Ellos porque tenían miedo a los que habían matado a Jesús. Nosotros por responsabilidad, para cuidarnos y proteger a los más vulnerables frente a la pandemia estamos sufriendo. Pero quizás el sentimiento de miedo también aflora entre nosotros: a contagiarnos, a lo que les suceda a nuestros seres queridos, a que esta situación dure demasiado tiempo, a qué pasará después…

En el evangelio hay algo que viene a cambiar radicalmente el estado de ánimo de los discípulos; primero, de los que estaban reunidos y, después, de Tomás: la presencia de Jesús resucitado. El Señor se presenta ante ellos, mostrándoles las marcas de la crucifixión en las manos y el costado, pero vivo de nuevo, y los discípulos se llenan de alegría. Hasta el incrédulo Tomás, incapaz de dar crédito a lo que dicen sus compañeros, derriba la muralla de su escepticismo, cuando contempla las manos y el costado abierto de Jesús resucitado, y lo confiesa como su Señor y su Dios.

Jesús vive, está junto a nosotros y, por su costado abierto, nos muestra su Corazón. Por ese costado abierto, nos da vida y nos invita a vivir sin miedo y a amar y servir como él.

Aurelio Cayón sscc

Related