Evangelio joven: “¡Preparad el camino del Señor!” (10-dic)

Is 40,1-5.9-11
Sal 84
2Pe 3,8-14
Mc 1,1-8

¿Cómo se prepara este camino? ¿Cómo se prepara uno para recibir a Dios, al que siempre es bueno, al Santo? ¿Es fijándonos en cómo recibimos a un familiar, a un amigo que hace tiempo que no vemos, a un hijo que está a punto de nacer, a la novia el día de la boda? ¿Nos sirven estas comparaciones? ¿se hacen necesario otras? ¿O se quedan todas cortas?

“Es raro que haya que hacer algo de nuestra parte para acogerle. Si es Dios, lo normal sería que él mismo se hiciera el camino para venir a nosotros.” Fotografía: P. Vásquez.

Juan, el bautista, nos anima a la conversión. Él cree que no debe faltar en aquél que quiera preparar el camino del Señor. De alguna manera nos invita no sólo a la alegría por la venida, o al ansia por no saber lo que nos dirá el Señor cuando venga a nuestras vidas, o la esperanza, sino a la conversión, al cambio de vida, pensamientos, acciones, sentimientos. Al Bueno se le prepararía el camino, parece, siendo más bueno.

Es raro que haya que hacer algo de nuestra parte para acogerle. Si es Dios, lo normal sería que él mismo se hiciera el camino para venir a nosotros. Si algunos dicen que el ser humano es siempre malo y poca cosa se puede esperar de él, no tendría mucho sentido que se nos pidiera algo para preparar su venida. Pero igual Dios quiere contar con nuestra libertad. Puede que no podamos acogerle sin hacernos buenos, o algo más buenos. Como si fuera una invitación a reavivar la imagen y semejanza que somos para poder acoger al Nuevo Adán. Igual el adviento y la creación son misterios hermanos.

Lo más misterioso, con todo, es que Él quiera venir. Y eso no cabe en cabeza humana. Su Amor que todo lo ilumina, su bondad que hace nuevas todas las cosas, su fuerza que pone en pie a los pobres, su sabiduría que es la única que enseña al ignorante, no se parece mucho a los amores, bondades, fuerzas, sabidurías que hay por nuestro mundo. Como no sabemos realmente quién viene, por muchos años que llevemos de cristiano y católico, la única forma medianamente agradecida de querer acoger lo que nos sobrepasa, es siendo buenos y humildes. Lo demás, corre de su cuenta. Si le dejamos. Que para eso este Dios ha querido contar con nuestra libertad para salvarnos. Que para eso este Dios nos ama antes de que le dijéramos que no tenía sitio en nuestra posada.

Ángel Viñas ss.cc.

“Lo más misterioso, con todo, es… que Él quiera venir”.
Fotografía: J. Plenio.

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