Evangelio joven: «¡Ponte detrás de mí!» (30-ago)

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».
Entonces dijo a los discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

(Mt 16,21-27) Domingo XXII del tiempo ordinario.
Si la semana pasada el Señor dijo que Pedro era piedra de la Iglesia, esta semana le llama «piedra de tropiezo». ¿Y yo? ¿Soy también obstáculo para lo que quiere el Señor…? ¿Cómo vamos de confianza en Sus maneras?

Las lecturas de hoy creo que nos invitan a ser valientes en el seguimiento de Cristo. Todos sabemos de sobra que ser cristiano es, sobre todo, aceptar con alegría la invitación de Jesús a seguirle viviendo las Bienaventuranzas, Pero, también es cierto, y la Palabra de Dios de hoy nos recuerda que este camino no siempre es fácil.

Hemos escuchado en la primera lectura el lamento del profeta Jeremías que dice. “Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir, me forzaste y me pudiste..”. El profeta se lamenta porque tiene una misión de parte de Dios que le complica la vida. Y sólo porque se siente muy unido, seducido por Dios, ya no puede vivir sino siendo fiel. A pesar de todas las dificultades.

Nosotros podemos también sentir que a veces nos cuesta ser cristianos, también nos resulta más atractivo dejarnos llevar por el ambiente que nos rodea que ser fieles. Sólo si nos dejamos seducir por Dios, sólo si puedo llegar a experimentar que ya no puedo vivir de otra manera que siguiendo a Cristo, sólo entonces seré de veras cristiano. Pero para vivir así es preciso que viva en fuerte unión con Dios. ¿Cómo está mi oración? ¿Alimento esta relación con el Señor?

En esta misma línea encontramos el Evangelio de hoy. Recordemos que el domingo pasado Simón Pedro hacía su confesión de fe en Jesús y, en cambio, hoy vemos que cuando el Señor hace el anuncio de su pasión, muerte y resurrección, Pedro le riñe. Puede extrañar, pero esto nos muestra que la fe no evita la duda, ni el cansancio. Y es que creer no significa entenderlo todo y vivirlo todo. Quiere decir ponerse en camino confiadamente…a veces avanzando a tientas.

Por otro lado, la respuesta de Pedro es lógica… no puede admitir que Dios se quiera manifestar en Cristo desde la debilidad, en el sufrimiento de la cruz. Ama a Cristo, aunque no lo acaba de comprender.

¿Me podría decir Jesús lo mismo porque no quiero que se cumpla su voluntad y le pongo obstáculos porque quiero que las cosas sean como yo quiero y no como Él desea? ¿No nos ocurre también a veces que como a Pedro nos cuesta mucho asumir la vida cristiana como compromiso?

Francisco de Paula Piñero y Piñero sscc

Related