Evangelio joven. Pentecostés

Jesús cumple lo que promete, y el Domingo pasado nos prometió que nunca nos dejaría solos. Al ascender a los cielos encarga a los discípulos una misión: guardar todo lo que les había enseñado y predicar el Evangelio por todo el mundo. Una tarea apasionante, pero tenían un problema, y es que tenían miedo. No se atreven a salir por miedo a los judíos.

 

Jesús se les vuelve a aparecer y les da una paz que nadie más les puede dar. Solamente cuando reciben El Espíritu Santo son capaces de vencer sus miedos y salir a comerse el mundo.

 

Celebramos hoy en la Iglesia el día de Pentecostés, el día del Espíritu Santo. Pero, ¿quién es el Espíritu Santo?, ¿qué es?, ¿cómo actúa?. No nos resulta fácil responder a estas preguntas. Y es que el Espíritu Santo es el gran desconocido en la Iglesia.

 

Podemos decir que es la tercera persona de la Trinidad, que procede del Padre y del Hijo,… La teología nos ha dicho mucho sobre el Espíritu, pero nos resulta más fácil describir sus efectos que lo que el Espíritu es en sí. Son muchos los nombres con los que nos referimos al Espíritu y los efectos que tiene en nosotros: Vivificador (porque nos da la vida) Señor (porque es Dios y orientas nuestras vidas para llevarnos a la santidad, Don (porque es un regalo),… Pero hay un nombre que destaca y es el de Consolador.

 

El dialecto karré del África ecuatorial resultó ser difícil para los traductores del Nuevo Testamento, especialmente cuando se trató de la palabra “Consolador” (en griego parakletos). ¿Cómo podrían describir al Espíritu Santo? Un día los traductores se encontraron con un grupo de cargadores que iba entre los matorrales con fardos sobre sus cabezas. Observaron que en la fila de cargadores siempre había uno que no portaba nada, y supusieron que era el jefe, quien estaba allí para asegurarse que los demás cumplieran con su trabajo. Sin embargo, los traductores descubrieron que no era el jefe sino alguien que tenía un trabajo especial. Estaba allí por sí alguien se caía por el cansancio; entonces acudía y recogía la carga del hombre y la llevaba. A este cargador se le conocía en el lenguaje karré como “el que está a nuestro lado cuando caemos”. Los traductores acababan de descubrir cómo traducir parákletos, el término que describe a la persona y a la obra del Espíritu Santo entre nosotros.

 

Demos gracias a Dios por el regalo de su Espíritu, que nos alienta, anima, conforta e impulsa nuestras vidas. Digámosle: “Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo”

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