Evangelio joven: “Normas de etiqueta en el Reino de los Cielos” (15-oct)

Is 25,6-10a
Sal 22
Fil 4,12-14.19-20
Mt 22,1-14

Este domingo, Jesús sigue explicando a qué se parece el reino de los cielos mediante parábolas. Y, como sabemos, cuando Jesús habla del reino de los cielos es que quiere mostrarnos cómo es Dios y cómo quiere relacionarse con la humanidad.

Los primeros destinatarios del banquete de Dios no están haciendo caso a su invitación.
Fotografía: A. Spratt.

Observemos que Jesús dirige esta parábola a los sumos sacerdotes y a los ancianos de los judíos, es decir, a los dirigentes que el pueblo que Dios había escogido desde antiguo para llevar su bendición a toda la humanidad. Pues bien, la parábola comienza con un tono duro hacia este pueblo elegido: ellos, que eran los primeros destinatarios del banquete de Dios, no están haciendo caso a su invitación.

Los profetas, en especial Isaías, habían usado el símbolo del banquete para nombrar la desbordante generosidad del Buen Dios: la salvación de Dios es tan grande como un banquete en el que hay deliciosa comida en abundancia. Y sin embargo, el pueblo de Israel no fue capaz de reconocer que ese banquete de Dios se había hecho real en la persona de Jesús y su mensaje.

Los convidados no hicieron caso… pero el banquete está preparado y no puede echarse a perder, así que Dios decide buscarse un nuevo pueblo. Sale a los caminos, y dirige su oferta a todos, buenos y malos: esos somos nosotros, la Iglesia, el pueblo de Dios. Una comunidad llamada a participar del banquete que es Jesús mismo y su salvación. Por eso, no es –como algunos piensan– que los cristianos seamos mejores o poseamos a Dios. Al contrario: los miembros de la Iglesia somos aquellos con quienes Dios ha tenido una generosidad infinita, y nos ha invitado a un banquete del que jamás habríamos soñado que seríamos parte.

Este banquete del Reino de Dios solo tiene una norma de etiqueta: el agradecimiento y la generosidad.
Fotografía: B. Rosett.

Y por eso sucede que en esta celebración que es el reino de Dios en la tierra no se puede estar de cualquier forma. Aquél que vive cerrado sobre sí mismo y su egoísmo, incapaz de preocuparse por su prójimo, que cree merecerse que Dios le invite a su banquete porque es muy bueno… no se ha enterado de nada. Da el cante. Desbarra tanto como el que va a una boda en chándal, escandalizando a los comensales y a quien le invitó. Y por eso, se coloca a sí mismo fuera de este banquete del Reino de Dios que solo tiene una norma de etiqueta: ir vestidos del amor al Señor Jesús y del agradecimiento de quien sabe que no se merece tanta generosidad.

Pablo Bernal Rubio ss.cc.

Related