Evangelio joven: “No viváis con el corazón ‘partío'” (26-feb)

Is 49,14-15
Sal 61
1Cor 4,1-5
Mt 6,24-34

Posiblemente nadie tuvo a Dios como su primer amor. Lo normal es que quisiéramos a nuestros padres, hermanos, amigos del colegio, primos, etc. antes que llegar a amar al Amor absoluto. Poco a poco fuimos viviendo y descubriendo que las palabras amor, querer, desear no eran sinónimas y que, por lo tanto, no todas las personas estaban en el mismo lugar en nuestro corazón. Jesús nos dice hoy que no se puede servir a dos señores. Pero la evidencia cotidiana es que en el hombre habitan muchos y variados señores: el dinero, el placer, la codicia, el ser alguien, la coherencia, el tiempo, etc. ¿Cómo es posible que Jesús nos pida algo así?

A-TO8 V. van zalinge (www.unsplash.com)

Mirad los pájaros… ¡no se agobian! Fotografía: V. van zalinge (www.unsplash.com)

Jesús es bueno y, por eso, muy inteligente. Sabe perfectamente que el hombre y la mujer que andan divididos no están en ningún sitio. El que pone su futuro y su alegría en tener un  trabajo en la sociedad, que le quieran, tener suficiente dinero para poder satisfacer sus deseos –y tantos deseos para que siempre necesite más dinero–, es difícil que quiera, a la vez, vivir por entero para el Bien o para el Amor que es Dios. El que se queda a medias, será siempre alegre a medias. El que a medias quiere vivir, todos sus señores querrán llevarse parte de su corazón.  Jesús el Señor nos dice en el evangelio que el tiempo puede ser uno de nuestros mayores enemigos. Más incluso que el dinero. Querer asegurar el pan de mañana, tener cubierta la seguridad mañana y pasado, aparecen como necesidades tan básicas que pueden hacer de nosotros un hombre o una mujer dividido.

¿Cómo saber si estamos divididos? En la persona que está dividida parece que no faltan dos experiencias humanas: compararse y agobiarse. El que se compara con otro es que no le parece suficiente bendición el ser una persona. Le gustaría ser como aquel que tiene seguro el futuro, la casa de aquel, el trabajo del otro. No se suele decir de forma tan burda. Pero a veces se cuela diciéndonos: tú serías feliz si fueras como aquella persona, si tuvieras lo que tiene aquel otro, si no estuvieras en la situación de aquel otro, etc. Jesús le invita a esa persona a mirar las aves del cielo y cómo Dios las cuida. No le hace mirar a otro ser humano porque el que se compara nunca queda satisfecho con comparaciones donde él quede mejor.

Mirad las flores... ¡no se comparan! Fotogafría: M. Galentino (www.unsplash.com)

Mirad las flores del campo… ¡no se comparan! Fotogafría: M. Galentino (www.unsplash.com)

¿Y a los que se agobian? A estos también les invita a mirar cómo cuida Dios a la naturaleza. Dios los alimenta. ¿Qué hacer, entonces, para poder llegar a ser uno en el Señor? ¿Es sólo una cuestión de voluntad, de codos, de voluntarismo, de decirlo día y noche? ¿Basta sólo con desearlo o enseñarlo a los demás? ¿Habrá que contentarse con intentarlo pero siempre andar dividido con algunos de los señores de nuestra

El que puede unificarnos es el mismo que nos creó. Nosotros llegamos a tener un corazón indiviso en el Señor indirectamente. El Cristo nos dice que nos preocupemos del reino de Dios y su justicia, que confiemos en el Amor de Dios que cuida de cada una de sus criaturas. Tener un corazón sólo preocupado por las cosas de Dios, por el Amor de Dios, por su justicia y su voluntad no es fruto de las obras del hombre. Por eso el Cristo nos invita a estar alertas con el dinero y el tiempo, los señores más poderosos de nuestro mundo. De ahí que los caminos que el Señor nos proponga sean la justicia del reino de Dios y confiar en Él.

¡Que tengas un hermoso domingo y que el Señor te haga cada día más amigo suyo!

Ángel Viñas ss.cc.

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