Evangelio joven: «¡No tengáis miedo!» (21-jun)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse.
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.
A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».

(Mt 10, 26-33) Domingo XII del tiempo ordinario.
¡No tengáis miedo! ¡Amad, decid, sed… desde lo profundo del corazón! ¡Qué libre suena siempre la Palabra!

Hoy la Palabra me sabe a una hondura que solo puede expresarse con música; y por escrito, con exclamación. Sí, ¡hoy la Palabra me suena a exclamación! No por sonarme a imperativo, sino por la pasión con la que Tú, Buen Dios la pronuncias sobre nosotros.

¡No tengáis miedo! ¡Amad, decid, sed… desde lo profundo del corazón! ¡Qué libre suena siempre la Palabra! Palabra que nos invita a la transparencia, a no callar nuestras intuiciones más profundas, nuestra verdad, esa que a veces hasta nos asusta a nosotros mismos porque no sabemos donde puede llevarnos… Hoy la Palabra nos recuerda que no hace falta la mirada temerosa a uno y otro lado antes de hablar o actuar, que no necesitamos la sospecha por compañera por si nos comprometemos demasiado, o por si nuestra imagen sale perjudicada…

En el fondo, hoy la Palabra nos habla de una libertad sostenida, guardada, custodiada. No es la libertad sin limites ni suelo que todo lo pisa y lo arrampla; al otro y hasta al propio yo, precisamente por ser libertad no sostenida, no ceñida, no posada en ninguna parte que la contenga, le dé norte y horizonte. ¿Para qué la libertad si no es para Ti que habitas en nuestro mejor yo?

Tú, Señor, ¡hasta los pelos de nuestra cabeza tienes contados! No por control sino por cariño, porque nos llevas guardados en las entrañas. Y desde allí, desde tu corazón, nos invitas a vivir desde la certeza y confianza de que ¡contamos contigo! ¡vamos contigo! Siempre, siempre.

Gema de Paz sscc

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