Evangelio joven: «¿No sembraste buena semilla?» (19-jul)

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?” Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?” Pero él les respondió: “No, que, al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

(Mt 13, 24-30) Domingo XVI del tiempo ordinario

Aprender a convivir con la cizaña. Dejar que el trigo crezca abriéndose paso y atravesando las adversidades. Esta es parte de la tarea que tenemos todos en la vida, una de las más importantes para poder vivir con realismo, serenidad y alegría. Sonrío ante la pregunta de los criados al amo, “¿no sembraste semilla buena?”, me recuerda a las veces que me pregunto -y también me enfado con Dios- sobre de dónde sale el mal, y por qué. Me gusta la respuesta: “un enemigo lo ha hecho”, porque Dios todo lo crea, pero no todo lo hace. Crear es su gratuidad, su regalo; hacer es nuestra libertad, el nuestro.

El Evangelio sigue y nos muestra nuestro deseo de arrancar el mal, de quitarlo de nuestro campo para que sea limpio trigo. Y el amo vuelve a contestar con sabiduría: “no, porque podéis arrancar también el trigo”. No admite el mal de la cizaña, pero es capaz de mirar más allá y darnos dos lecciones clave: la primera, que el trigo que es nuestra vida, sembrado por Él, es fuerte, ¡más de lo que creemos!, puede con el mal; y la segunda, una buena cura de realismo y humildad, no somos expertos segadores, a veces no sabemos qué hacer con ese trigo y cizaña que crece dentro de nosotros, y tenemos que tener paciencia con nosotros mismos, no vaya a ser que acabemos arrancando todo. Necesitamos tiempo y segadores que acompañen nuestro campo, que nos guíen al separar el trigo y la cizaña, y que nos recuerden que Dios es el experto en siembra y siega, en Amor.

Marina Utrilla ss.cc.

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