Evangelio joven: «No es un pan para tontos» (23-jun)

Lecturas

Dame pan y dime tonto, dice un refrán. Los refranes son así, claros, implacables, cosas que se dicen. Este domingo hablamos también pan, pero más bien de manera simbólica, trascendente, sacramental. No es un pan para tontos, es un pan nos cambia nada menos que la manera de ver a Dios y de vernos a nosotros mismos y a los demás.

Jesús nos va dejando signos de su presencia, de su vida. Signos que nos remiten a él, a su manera de entender a Dios y a la humanidad también. El pan es uno de ellos, lo sabemos bien. El Evangelio narra la multiplicación de los panes, un poquito llega a muchos, porque ese poco es Jesús. En ese pan está su vida y su entrega, por todos. Dame pan es una cosa, dame de ese pan puede ser otra. Pan de vida que nos llena, nos anima a seguir tras él, nos reúne y nos invita a comerlo.

«Dame pan y dime tonto», dice el refrán. Pero el pan que nos da Jesús, que es Jesús, no es un pan para tontos. Ese pan que con un poco llega para todos: porque nos da de su Vida abundante.

El pan se ha usado muchas veces como signo de la vida, lo podemos leer en la primera lectura y, en general, en toda la Escritura. En la segunda escuchamos la novedad a la que invita Jesús: cada vez que comemos este pan proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva. Lo ponemos en el futuro, pero el futuro lo vamos haciendo. La presencia de Jesús vivo, del resucitado, se va haciendo patente de manera distinta, sacramental. Nos reunirnos en su nombre y comemos el pan, así le reconocieron unos discípulos camino de casa, y así lo han transmitido.

En el Evangelio podemos escuchar un encargo de Jesús: dadles vosotros de comer. No despidáis a la gente para evitar el problema, o para que suceda algo mágico que alguien resuelva. No miréis hacia otro lado. Multiplicar ese pan no es magia, es entrega a todos, es un amor inmenso que se da del todo y se comparte sin ningún límite.

Jesús se hace presente, nos da ese pan. Comerlo nos transforma, nos compromete a dejarle hacer dentro de nosotros. Comer a Jesús es “tragárnoslo entero”, sin quitar nada, sin querer cambiarlo por otro más cómodo, llegando a asumir las consecuencias que tiene un gesto tan simple. Dame de ese pan, del pan que da la vida, del pan que nos impulsa a dar la vida por todos, quienes sean. Es la presencia de Jesús.

Nacho Moreno sscc

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