Evangelio joven: «Mientras vais de camino» (26-abr)

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».
Él les dijo:
«¿Qué?».
Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno» […]
Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.
Pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
(Lc 24,13-35) Domingo III de Pascua

Los de Emaús vuelven tristes, decepcionados, desilusionados… y lo peor de todo, desesperanzados. Y en esa vuelta, alguien se les acerca. Y en su hablar de corazón… ¡la Buena Noticia acontece!

Nos encontramos a dos seguidores de Jesús volviendo de Jerusalén después de haber vivido el escándalo de la Pasión con el final de la Cruz. Vuelven tristes, decepcionados, desilusionados… y lo peor de todo, desesperanzados. Vuelven a Emaús, a su casa, a la tierra de donde salieron con ilusión a Jerusalén, la tierra de los sueños. Ahora sin embargo vuelven desorientados, sintiéndose engañados, porque “todo es mentira”.

En esa vuelta, alguien se les acerca preguntando qué les pasa, a ellos no les desagrada este acompañante y le comparten todo lo que sienten. En ese compartir, comienza el poner palabra a la experiencia. Desde ahí este acompañante les hace un repaso de cómo en esto del seguimiento, no se excluye el padecer dolor y cómo a lo largo de la historia Dios había acompañado, con amor, a su pueblo… (y también a ellos).

Se haría el silencio que se da cuando se pasa de hablar de cabeza a hablar de corazón. Entonces, le piden al hombre que no se vaya, que se quede a cenar con ellos, con la excusa de que se está haciendo de noche. Accede, y a en la mesa, este hombre toma el pan, lo bendice, lo parte, se lo entrega… y desaparece.

¡Es Él! Era verdad, estaba vivo, y se lo muestra hablando su propio lenguaje. Caminando a su lado, recordando su propia historia y con los mismos gestos. Especialmente ese gesto en el que Jesús una vez más toma su vida, la bendice y les recuerda que está llamada a partirse y entregarse. Y de nuevo, arden los corazones, vuelve la esperanza, vuelven los sueños. Es momento de volver a Jerusalén.

Bea García sscc

Related