Evangelio joven: “Más que justos” (12-feb)

Eclo 15,16-21
Sal 118
1Cor 2,6-10
Mt 5,17-37

06

Algunos autores hablan de “la tiranía del ‘me gusta'”… ¿es eso libertad?

¡Qué relación más difícil la que tenemos con la norma! ¡que se lo digan a un adolescente en sus disputas con sus padres! ¡que se lo digan a ese mismo adolescente cuando es padre y tiene que educar a su hijo! Pareciera que en la juventud luchamos por despojarnos de las leyes y hacer lo que queremos: “no hay costumbre más sana que cada uno haga lo que le dé la gana” y a eso le llamamos “autonomía”, pero las más de las veces es para someternos a otras leyes, de la pandilla, del entorno, de los medios, de la moda, de los instintos etc… y eso que teñimos de autonomía acaba convirtiéndose en un individualismo-egoísta si no en una esclavitud, viviendo o bien la vida que nos dicen que hay que vivir sin que verdaderamente la hayamos elegido o bien la vida más instintiva que se guía solo por el principio del “me gusta” o “me apetece”, no lo que me conviene o lo que decido elegir.

Tampoco para Jesús fue fácil, lo sabemos, su relación con la ley y con la norma. Solemos decir que Jesús fue contra la Ley y violó el sábado, pero resulta que hoy el Evangelio lo que nos dice es que no ha venido a abolir la ley sino a dar plenitud y además nos dice que no nos limitemos a ser como los escribas y fariseos, esos que cumplían todos los preceptos. ¿Más nos va a pedir?

como decía S. Agustín “la medida del amor es el amor sin medida”.  Fotografía: D. Malecki (unsplash.com)

Como decía S. Agustín “la medida del amor es el amor sin medida”. Fotografía: D. Malecki (unsplash.com)

Sí, más. Eso es lo que la Palabra, lo que Jesús, lo que el Espíritu a poco que nos paremos suscita en nuestro interior: más. Ahora bien, no se trata de más normas, más leyes, de las que poder decir “ya lo cumplí”, sino de llevarlas a su plenitud, de extraer el espíritu que encierran y llevarlas adonde nos lleven, casi siempre, más allá de la propia ley. Y esa fue la vida de Jesús, descubrir el secreto que escondían tantas leyes y llevarlas a sus últimas consecuencias. Ese secreto era el Amor y ya sabemos que, como decía S. Agustín “la medida del amor es el amor sin medida”. De modo que todos los que quisieron ponerle medida chocaron con Jesús, hasta matarlo.

Ser cristiano no es seguir una norma, sino a un hombre, es hacer nuestro su estilo de vida, ese estilo arriesgado, sin límites, exigente, que apunta siempre más allá de toda norma y cuya meta nunca alcanzamos. Ser cristiano es ser cada vez más como Jesús. Un hombre que resumió todas las leyes en el único mandamiento del amor a Dios y el amor al prójimo, entendiendo que no bastaba con cumplir los preceptos con Dios si al llevar ante él nuestras ofrendas descubrimos que no estamos a bien con nuestro hermano.

"Reconzoco a la gente religiosa no por cómo hablan de Dios sino por cómo hablan de los hombres" (S. Weil). Dibujo de Berna López.

“Reconzoco a la gente religiosa no por cómo hablan de Dios sino por cómo hablan de los hombres” (S. Weil). Dibujo de Berna López.

¡Qué bien lo entendió Simone Weil al decir que reconocía a la gente religiosa no por cómo hablaban de Dios sino por cómo hablaban de los hombres! También Sta Teresa dice que la cima de la vida espiritual es el amor al hermano. Además ¡no dice el Evangelio si tienes algo contra tu hermano haz las paces y luego ve al templo sino si tu hermano tiene algo contra ti…!

Pidamos a Dios que nos haga entrar en este Espíritu, que nos haga entrar por esta norma, que sea él la norma de nuestra vida, y dejemos que él lleve a su plenitud o trastoque, cambie, nuestras propias normas. Y como muchas veces ni nos paramos a pensar cuáles son las normas que rigen nuestra vida, ni de quién vienen, te invito a que te pares a pensar las que tienes y a ponerlas en los puntos suspensivos, luego deja que Él hable:

Habéis oído que se dijo… pero yo os digo:

Poldo Antolín ss.cc.

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