Evangelio joven: “Maestro, ¿cuándo va a ser eso?” (17-nov)

En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo:
«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Ellos le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
Él dijo:
«Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos.
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.
Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».
Entonces les decía:
«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes.
Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.
Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.
Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre.
Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

(Lc 21,5-19; Domingo 33º de Tiempo Ordinario)

El Evangelio de este domingo no es fácil de entender. Nos recuerda que una cualidad de la fe es la valentía de no callar ante el mundo, de gritar ante las injusticias y de luchar porque el amor de Dios reine sobre el sufrimiento y el dolor.

Por nuestro modo de actuar en el día a día, los otros se preguntarán, se cuestionarán, se removerán y hasta se enfadarán con nosotros por aquello por lo que luchamos y defendemos, por nuestra fe y lo que nuestra fe denuncia del mundo.

He ahí la llamada del Señor: a dar testimonio de su amor, de su perdón y de su misericordia. Y todo con una sola certeza: el Señor está con nosotros y no nos abandona.

Él pone sus palabras en nuestra boca, Él llena de ternura nuestros gestos, Él transforma a través de nuestra mirada, Él sana los corazones a través de nuestras acciones.

Ahora bien…¿Te atreves? ¿Qué te echa para atrás y te frena? No te olvides que el Señor cuenta contigo.

Fernando Bueno sscc

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