Evangelio joven: «Los últimos serán primeros» (20-sep)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo:
“Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido».
Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
“Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.
Le respondieron:
“Nadie nos ha contratado”.
Él les dijo:
“Id también vosotros a mi viña».
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:
“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:
“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
Él replicó a uno de ellos:
“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.
Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

(Mt 20,1-16) Domingo XXV del tiempo ordinario.
En el Reino todos seremos diferentes, pero todos seremos iguales. Las horas de la parábola marcan la diferencia. El salario la igualdad.

En este evangelio me voy a centrar en la respuesta del propietario de la viña a los que protestan. El propietario recuerda que ha habido un pacto entre ellos y que lo está cumpliendo. Dios ha hecho un pacto con nosotros en nuestro bautismo y Él cumple siempre su parte.

Pero va a tratar a otros igual que a mí y les va a dar lo mismo. Ese es el problema: La comparación. En teoría sabemos que todos somos diferentes, pero no encajamos el que seamos tratados de manera diferente. Y comparamos. Y eso es objeto de peleas y riñas.

Todavía hay más. En el Reino todos seremos diferentes, pero todos seremos iguales. Las horas de la parábola marcan la diferencia. El salario la igualdad. Todos iguales en la diferencia, nadie mejor, nadie peor. Toda vida vale lo mismo, Todos somos valiosos. Igualmente valiosos. ¿Nos lo creemos?

Hay que aprender a mirar como el propietario de la viña: Dios. Nadie es superior, nadie es inferior. Pero todos somos diferentes.

Raúl Valverde sscc

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