Evangelio joven: «Los perritos y las migajas» (16-ago)

En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
«Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
«Atiéndela, que viene detrás gritando».
Él les contestó:
«Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».
Ella se acercó y se postró ante él diciendo:
«Señor, ayúdame».
Él le contestó:
«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella repuso:
«Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».
Jesús le respondió:
«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».
En aquel momento quedó curada su hija.

(Mt 15,21-28) Domingo XX de Tiempo Ordinario
¡¿Pero qué le pasa a Jesús?! En este evangelio nos incomodan sus modales torpes y su aparente indecisión. ¿Con ganas de saber qué significa todo esto de los perrillos y las migajas? Te invitamos a charlar un rato con esta mujer que sorprendió incluso al Señor.

Si eres de quienes se incomodan con este texto, quizás te venga bien pasar algún tiempo con esta extranjera que sorprendió al mismo Jesús. Aquí van un par de claves para iniciar la conversación:

1. El texto se construye sobre temas identitarios: para el judaísmo resultaba indispensable la pertenencia étnica y nacional a Israel para optar a la salvación; además, Jesús se encuentra en tierra fenicia, pagana, y la mujer es cananea, perteneciente a uno de los pueblos preisraelitas. Dos identidades que diferencian a Jesús y la mujer. Pero hay algo más: movimiento. El texto explicita que Jesús «salió» de los límites físicos de Israel para dirigirse a tierra pagana. Esto posibilita el encuentro cuando la mujer –también «saliendo», dice el textose dirige a él.

Así que, ¿por qué no preguntar a la cananea qué la impulsó a salir al encuentro de este extranjero… por qué se determinó a buscar en él la salvación de su niña… cómo se sintió al saberse diferente de él, extranjera, pero no extraña?

2. En las palabras audaces de la cananea se intuye la sabiduría de quien no se deja enredar por lo razonable. Jesús tiene «razones teológicas» para la respuesta que da; está convencido de que el plan de salvación de Dios debe desplegarse comenzando por el pueblo de Israel. Y esto la mujer no lo discute. Sencillamente recuerda al Salvador que los dones de Dios nunca son privados –para un individuo, un grupo, una nación– sino que se desbordan, alcanzando a todos. Este es el modo de actuar de Dios: no la equidad que uniformiza, sino la infinita diversidad –capacidades, vocaciones, proyectos– que debemos usar para construir la comunidad y aportar más vida a los otros.

Quizás ahora es la cananea quien te pregunta a ti: ¿qué te ha regalado el Señor, a qué intuyes que te va llamando? Y su mirada, de algún modo, interroga si eres de guardarte hasta la última migaja, o si haces que ese don alcance para alimentar a todos

Ojalá te detengas en el diálogo con esta extranjera que se atrevió a salir al encuentro y a confesar que el don de Dios no se agota al entregarlo. Quizás, al terminar, puedas despedirte de ella exclamando con el Señor: «¡mujer, qué grande es tu fe!».

Pablo Bernal sscc

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