Evangelio joven: «Libres siguiendo a Jesús» (7-sep)

Lecturas

Jesús camina hacia Jerusalén. Sus discípulos y mucha gente lo acompañan, pero ¿a quién siguen?, ¿a quién ponen por delante?, ¿qué anteponen? No está claro que verdaderamente sigan a Jesús. Él es consciente y les dirige unas palabras que a nosotros nos resultan duras o particularmente exigentes: “si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío”.

¿Qué pretende Jesús, que nos olvidemos de las personas a quienes queremos o incluso de nosotros mismos? Pienso que no. Pero nos quiere libres para seguirle a él, pues solo en él encontraremos la verdadera libertad. Ni las personas ni las cosas deben marcarnos el rumbo u orientar nuestra vida. Tampoco nosotros mismos ni nuestros intereses, tendencias egoístas o adicciones. En ambos casos estaremos construyendo ídolos que nos impiden seguir a Jesús.

Siguiendo a Jesús, es decir, poniéndolo a él por delante, y posponiendo todo lo demás (personas, cosas o nosotros mismos), nos hacemos libres como él para construir una vida nueva desde los valores del evangelio. Al mismo tiempo, nos convertimos en testigos ante las personas que están cerca de nosotros, ayudándoles a que también puedan apreciar la propuesta de Jesús.

Jesús nunca dijo que seguirle fuera fácil; es más, nos advierte que calculemos nuestros recursos y nos preparemos para hacerlo. Y lo más importante: con radicalidad, nos pide una libertad que él mismo está dispuesto a regalarnos.

No nos dice Jesús que seguirle sea fácil. Es más, con los ejemplos del hombre que quiere construir una torre y del rey que va a dar una batalla, nos advierte para que calculemos nuestros recursos y preparemos lo necesario para conseguir el objetivo. En este mismo pasaje del evangelio nos da dos claves para lograr ser sus discípulos:

En primer lugar, dice que cada uno cargue con su cruz y vaya tras él. Llevar la cruz es aceptar las consecuencias de mantenerse fiel a la voluntad de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo, o hasta el extremo de amar al otro más que a uno mismo. Eso fue lo que hizo Jesús.

En segundo lugar, pide renunciar a los propios bienes. Todo aquello que nos hace creernos autosuficientes se convierte en un ídolo o en una pesada carga que nos impide seguir a Jesús. Frente a ello, Jesús nos ofrece unirnos a su proyecto de construir un mundo más justo, fraterno y solidario, de acuerdo con la voluntad del Padre. También en esto él va por delante.

Puede parecer que la libertad y la felicidad se alcanzan por otros caminos. En Jesús encontramos el camino para ser libres y felices y la luz necesaria para lograr aquello que iniciamos.

Aurelio Cayón sscc

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