Evangelio joven: «La fe hay que pelearla» (27-oct)

Lecturas

“Jesús dijo esta parábola a algunos que se confiaban en sí mismos por considerarse justos.” Así comienza el texto de este domingo, continuando con la lectura del evangelio de Lucas, que venimos haciendo en este ciclo C.

Con facilidad se nos puede colar esa actitud de considerarnos justos, perdonados, salvados… Quizá porque tenemos mucha estima de nosotros mismos, quizá porque hemos domesticado tanto a Dios y a la fe, que le hemos quitado toda exigencia y esfuerzo, quizá porque consideramos que el pecado no actúa en nosotros y a todo lo que nos salga de dentro le damos legitimidad (encima, bajo capa de autenticidad, como si lo más auténtico que hay en nosotros fuese el pecado).

Como al publicano del evangelio, se nos puede colar el creernos justos. Frente a eso, nos hace bien recordar que la fe es ese «noble combate» del que nos habla san Pablo.

Frente a esa actitud, la segunda lectura nos presenta a Pablo, que afirma “he combatido el noble combate” y “he acabado la carrera”. Creo que estamos anestesiados contra toda idea de la vida cristiana como combate. Sin embargo, desde nuestro bautismo hemos sido ungidos con el Espíritu Santo a través del óleo de los catecúmenos para luchar contra el mal en nuestro corazón y en nuestro mundo.

En la celebración antes de ser bautizados se hace la siguiente oración: “Dios todopoderoso y eterno, que has enviado a tu Hijo al mundo, para librarnos del dominio de Satanás, espíritu del mal, y llevarnos así, arrancados de las tinieblas al reino de tu luz admirable; te pedimos que este catecúmeno, lavado del pecado original, sea templo tuyo, y que el Espíritu Santo habite en él. Por Cristo nuestro Señor.”

Tras la cual, se unge al catecúmeno diciendo la siguiente oración: “Para que el poder de Cristo Salvador te fortalezca, te ungimos con este óleo de salvación en el nombre del mismo Jesucristo, Señor nuestro, que vive y reina por los siglos de los siglos.”

Por tanto, creo que las lecturas de hoy nos invitan a reconocer con humildad, sinceridad y valentía nuestros pecados, a abrirnos y agradecer la acción vivificadora y santificadora del Espíritu Santo en nosotros, y a combatir contra el pecado.

No creo que el publicano que bajo justificado, perdonado a su casa, se quedase igual y no luchase por cambiar su vida. A veces confundimos el perdón con el relativismo o con un falso respeto. Cuando Jesús concede el perdón (lo cual indica que ha habido pecado), anima a la persona a no pecar más, al cambio de vida.

Pidámosle al Señor que nos ayude a combatir el noble combate de la fe y a correr la carrera. A que, cuando llegue el final de nuestra vida, podamos hacer nuestra estas palabras. No porque nuestra vida haya sido necesariamente fácil y tranquila, sino porque hemos permanecido fieles cuando los golpes nos arrecien o cuando nos sintamos desfondados en la carrera. La vida cristiana se cimenta sobre la esperanza en la victoria final, en la que cooperan la gracia de Dios y la libertad humana.

Francisco Cruz Rivero sscc

Related

Los participantes en las distintas actividades del #veranoSSCC fueron compartiendo con todos nosotros su...