Evangelio joven: “La experiencia de escuchar: ‘tú eres mi hijo amado'” (13-ene)

Lecturas

Siempre cuesta el paso de salir de casa, del hogar. Y cuesta por ambas partes, tanto para los hijos como para los padres. Hace poco en ese niño perdido y hallado en el templo, los padres supieron ver que su hijo en último término no es propiedad suya sino que es de Dios y su vida está llamada a volcarse a Él y al prójimo. Después de muchos años de vida oculta, el Evangelio de hoy nos remite a ese momento de Jesús en que sale de casa e inicia tras el bautismo su vida pública. Aquí salir de casa es dejar la seguridad del hogar, del trabajo, de las personas a las que conoce y quiere, de las costumbres, de las rutinas del día a día. Este romper con todo es un acto de fe, de confianza, para lanzarse a una vida nueva y tomar así con muchísima libertad las riendas de su vida.

El bautismo nos remite por tanto a esa experiencia profunda de fe que nos habla de quién es Jesús, a qué está llamado, quién sustenta su vida, a quién se debe y cómo esto se pone de manifiesto en sus decisiones. Y desde aquí resulta importante dejarse cuestionar por este momento de la vida de Jesús y preguntarse: ¿Quién soy yo? ¿Quién sustenta mi vida realmente? ¿Confío como Jesús y arriesgo desde la convicción de que el Señor me cuida y me sostiene o me dejo llevar por la comodidad y la seguridad de este mundo? El bautismo en este sentido tiene un fuerte carácter vocacional que nos habla de identidad, de fe y de decisión personal. Pero no podemos olvidar que ante todo es un pasaje que nos habla de amor: “Tú eres mi Hijo, el amado, en ti me complazco”.

Al menos saboreemos con el bautismo este paso de madurez en la vida de Jesús en esa experiencia profunda de salir y de escuchar: “Tú eres mi Hijo, el amado, en ti me complazco”.

Esta frase arrastra una fuerza tremenda. Va a poner de manifiesto no sólo el amor del Padre hacia su Hijo, sino la experiencia de sentirse Hijo y de sentirse amado por el Padre por parte de Jesús. Esto resulta fundamental en nuestra vida. Porque sólo desde este sentirnos amados, de experimentar como confían y apuestan por nosotros, es posible dar el salto de fe para romper con las seguridades de este mundo y ponerse en aquellas manos que no se ven, pero sostienen y cuidan. Es la experiencia que posibilita tener una vida volcada hacia Dios y hacia el prójimo. Y es que en el fondo la vida que no se define de un amor lleno de pasión termina dejándose llevar por la adicción, por placeres de este mundo en esa falsa felicidad que parecen llenar un vacío que finalmente no lleva más que a la tristeza; justamente lo contrario a una vida entregada llena de fuerza y de alegría, que habla con las palabras, las decisiones, las acciones y los gestos. Pero eso es otro capítulo llamado tentaciones en el desierto y vida pública.

Al menos saboreemos con el bautismo este paso de madurez en la vida de Jesús en esa experiencia profunda de salir y de escuchar: “Tú eres mi Hijo, el amado, en ti me complazco”. Precisamente para que esta experiencia se renueve y actualice en nuestra vida, saliendo una vez más y escuchando del Padre, “tú eres mi hijo amado…”.

Nacho Domínguez ss.cc.

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