Evangelio joven: «Hijo, ve a trabajar en la viña» (27-sep)

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero». Pero después se arrepintió y fue.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?».
Contestaron:
«El primero».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

(Mt 21,28-32) Domingo XXVI del tiempo ordinario.
«Sí, sí», dice uno de los hijos… pero luego no va. El evangelio nos invita a tomar partido: ¿eres de «sí, sí», y luego no? ¿o de buscar lo que Dios quiere… aunque cueste?

Toda la vida del creyente es un proceso de conversión continua. Saborear a Dios en el camino de la vida es estar continuamente en camino con Él y hacia Él.

Esta conversión a veces es mas evidente, a veces mas sutil. Una buena forma de saber donde necesitamos conversión es examinar si estamos “cristificando” nuestra voluntad, nuestras decisiones. ¿Quiere Dios lo que yo quiero (nos fabricamos un ídolo) o quiero yo lo que Dios quiere (soy discípulo)? Suena parecido pero es muy distinto.

Esta conversión va de dentro hacia fuera por eso es tan necesario pasar tiempo con Dios. San Pablo nos lo escribe: “tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús”. Así, cuando tengamos que tomar alguna decisión no diremos “Voy, Señor” para luego no hacer nada, sino que actuaremos conforme a la voluntad de Dios.

Consejo: este camino es para toda la vida, iremos hacia adelante, iremos hacia atrás, pero sabemos que la ternura y misericordia del Señor son eternas. Por eso es bueno tener paciencia.

Si has llegado hasta aquí te recomiendo lo siguiente: lee, relee y vuelve a leer el salmo de este domingo. Especialmente el principio. Después lee la primera lectura, el Evangelio y acaba con la carta de San Pablo. No te asustes que no es tanto. Podría decirte más cosas pero creo que es mejor que sea la Palabra de Dios la que te hable a ti, verás cómo te ayuda para la misa del domingo. Buen provecho.

Santi González sscc

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