Evangelio joven: «Hamburguesas y Espíritu Santo» (9-jun)

Lecturas

Recientemente los medios de comunicación publicaban la noticia del fraude de una empresa de alimentación que vendía hamburguesas a cuatro ONGs francesas que atendían a personas necesitadas. Las hamburguesas contenían soja, almidón, piel y grasa animal, todos ellos productos prohibidos en la producción de carne procesada. El deseo de tener más dinero a toda costa sigue exigiendo sacrificios: el menosprecio a la dignidad de los pobres.

Este domingo en la Eucaristía escucharemos un poema (La secuencia de Pentecostés) en el que se llama al Espíritu Santo “Padre amoroso del pobre”. En otros momentos Jesús también lo llama “Defensor”, “Abogado”. Hay que ser muy pobre para tener esta experiencia de Dios: “Dios es mi única defensa”.

En nuestro mundo se queda mucha gente en la estacada. Ya sea porque no son capaces de montarse en el tren del consumismo. O porque la enfermedad mental o física los limita en sus expectativas o los convierten en víctimas del abuso de los fuertes. O bien porque naciste en un país herido por la corrupción política y la injusticia social, esquilmado por las multinacionales, donde no encuentras perspectivas de futuro. O porque te subiste a una patera con lo puesto y a mitad de camino echaste a suertes entre tus amigos quien se arrojaría al mar para morir y permitir a los demás llegar a un puerto inseguro. Para el mundo, residuos de humanidad de los que, a lo sumo, se puede sacar rentabilidad dándoles una carne insana.

Contemplando esta realidad muchos se preguntan: ¿hay defensa para ellos? ¿son huérfanos de todo amor y cuidado? ¿quién les recuerda? ¿para quién tienen nombre? ¿quién conoce su grito de injusticia? La fiesta de Pentecostés nos recuerda que el Espíritu Santo sigue siendo el Padre amoroso del pobre y el Paráclito (Defensor) de los que están  desarmados de todo poder, fama y dinero. El Espíritu de Jesús Resucitado llena el corazón de muchos discípulos que se ponen al servicio de la humanidad herida. San Vicente de Paul, Damián de Molokai, Teresa de Calcuta, proyectaron así su vida entera. Y en el presente: Luis, Paco, María, y otros muchos repartidos en hospitales, cárceles, barrios empobrecidos, escuelas, etc.

Episodios como los de esta empresa fraudulenta nos devuelven la dureza del corazón humano. El Evangelio de este domingo nos despierta, sin embargo, a la esperanza: “Recibid el Espíritu Santo” “Paz a vosotros” “Os daré otro Paráclito” “Haremos morada en él”. ¿Por qué no dejar contagiarse por esta corriente de esperanza, de vida y justicia?

¡Ven, Padre amoroso del pobre!

José Luis Pérez, sscc

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